Saturday, July 5, 2008

Fidelidad..

Sin duda una de mis aspectos favoritos del carácter de Dios es su fidelidad. En Dios puedo confiar, el siempre cumple su palabra, sus promesas… aún cuando estas son las de castigo, las de consecuencia por la desobediencia.

Dios ‘habla palabra para destruir’ pero también lo hace para edificar. Cuando es el momento de la destrucción lo que se destruye es nuestro propio pecado, nuestra desobediencia… a veces cosas buenas se destruyen como consecuencia de nuestra necedad. Mis cuatro enemigos son los destruidos mediante la disciplina de Dios: orgullo, temor, carne e idolatría. De uno de esos cuatro nacen mis pecados, por uno de esos cuatro se produce la caída. El abono de estas raíces de dolor en mi vida es mi propio corazón centrado en sí mismo en lugar de en el Dios del universo. La fidelidad de Dios en la destrucción se refleja también en las mil ocasiones “desde temprano y sin cesar” en las que Dios llamó mi atención para dejar el mal y obedecer; para rendir mi corazón; para arrepentirme y dejar las sendas del mal. Dios es fiel en su Palabra, en su llamado a santidad, en su advertencia.

Aun en la disciplina mas severa, en el castigo mas doloroso, encuentro la fidelidad de Dios, la fidelidad de su amor. En medio del llanto y del dolor en mi corazón resuena su palabra y testimonio del amor eterno con el que me amó. Puedo sentir su corazón adolorido… como el de un padre que ama a su hijo, y precisamente por ese amor debe castigarlo. En ese castigo el dolor también es profundo en el padre.

La fidelidad de Dios también es presente en el momento de la tragedia, de la oscuridad. Aun cuando caen mil a mi derecha y diez mil a mi izquierda, si Dios me ha prometido protección, esta nunca faltará. Dios cumple su promesa y aunque el mundo se destruya a mi alrededor, mi Salvador esta presente y en su mano esta mi vida y mi destino.

Lo que Dios promete lo cumple.

He meditado en los siervos de Dios, en aquellos que vivieron esta fidelidad todas sus vidas, y murieron como mártires derramando su sangre como el mas alto testimonio del reflejo de la fidelidad de Dios. ¿Temieron? ¿Dudaron? ¿Se sintieron defraudados o deseaban ya ir a la presencia de Aquel que lo era todo para ellos? No sabré estas respuestas pronto, pero una idea nació en mi corazón… sea cual fuera la circunstancia, estos siervos vencieron a la muerte en las peores de sus formas… exactamente como el Cristo lo hizo. Si, probablemente sabían en sus espíritus que había llegado el momento de entregar su sangre, posiblemente Dios había consolado y fortalecido sus corazones en el secreto de su intimidad con ellos, exactamente como lo hizo con Jesucristo. Posiblemente enfrentaron esas hachas, lazos, fuegos, sierras y cruces sostenidos por la fidelidad de Dios. Posiblemente vencieron a la muerte como Cristo lo hizo, sustentados y fortalecidos por la misma promesa del Padre, que en su infinito amor y poder, es fiel para cumplir sus promesas. ¿Es este el testimonio de la fidelidad de Dios ante la muerte?

Señor, gracias por tu fidelidad.