Una de las oraciones mas hermosas que he escuchado – una con la cual me identifico – es la que oró Jim Elliot en su partida hacia Ecuador como misionero. Tres ideas permanecen en mi alma:
· La satisfacción de un hombre lleno de Dios, de un hombre capaz de disfrutar a Dios, capaz de disfrutar completamente la voluntad de Dios para su vida. Jim Elliot la buscó sin temor y se rindió a su Salvador. Cruzó esa invisible – y a veces imposible – barrera que separa al hombre que ama a Dios y desea rendirse totalmente a El, del hombre que lo hace. Uno es el hombre que es conciente del llamado de Dios pero sufre una lucha en su corazón que no rinde todo aquello que le parece preciado… no es capaz de rendir sus deseos y sus sueños al Dios del Universo, y sufre afligido por la incapacidad e inmovilidad del miedo a perder lo mas preciado. El otro es el hombre que es llevado en los brazos del Espíritu Santo sobre esa barrera y – por la obra y la gracia de Dios – es capaz de rendir su corazón, sus deseos y sus sueños totalmente a la voluntad de un Dios que lo transforma, que ha cambiado tanto su corazón que ahora habla a través de él. Este segundo hombre confía en que Dios le habla a través de su corazón y se goza en los deseos de su corazón… solo es válido después de la rendición, después de claudicar y en ello perder su vida por causa de Cristo y del Evangelio. El corazón que una vez fue traicionero es ahora instrumento de Dios. Cuanto gozo! Cuanta envidia! Eso deseo pero siento que no puedo… ¿Enviarás tu mano oh Dios mío a sacarme de este hoyo y salvarme?
· La segunda idea es una proyección de la primera. Jim Elliot dice algo así como “porque Cristo dijo ‘no te dejaré ni te abandonaré…’, yo puedo decir con coraje ‘no temeré’”. Yo quiero decir también con coraje que no temeré, pero a veces me enfrento con mi profunda debilidad y el temor me invade… Ansío y busco la misteriosa y maravillosa obra de tu Espíritu Señor, que revela dentro de mi corazón la profunda firmeza, verdad y fidelidad de tu palabra y de tus promesas; y crea una torre firme dentro de mí, no construida por sabiduría de hombre sino por verdad divina; y me hace decir ‘yo tampoco temeré’… porque Tú has prometido no dejarme… no temeré. Obra en mí Señor Jesús… obra en mi que quiero pero no puedo… deseo y ansío pero se doblan mis huesos… en ti espero, en ti confío…
· La tercera idea es como una espada… “no quiero una vida larga… quiero una vida completa… como Tú Señor Jesús..” ¿De que le sirve al hombre una vida larga y llena de comodidades y satisfacciones si en ella no se ha completado la voluntad divina? ¿ si en ella no se ha conocido totalmente a Cristo? ¿Si en ella la integridad que Dios requiere no se ha completado?. El apóstol Pablo habla de conocer a Cristo íntimamente, renunciando a todo aquello que fue de valor para él… habla de participar en sus sufrimientos, su muerte y su resurrección… ¿es ese el reflejo de una vida completa? No una vida a medias Señor… no una vida conociéndote un poco… no una vida mas o menos auténtica… no una vida más o menos íntegra… digo y pido – haciendo mía esta oración, pues la originó el mismo Espíritu que dentro de mí vive – no una vida larga Señor… una vida plena y completa en Ti… como tú Señor Jesús… aunque al igual que en tu vida y la de Jim Elliot, mi sangre sea derramada al final para tu gloria… una vida completa para ti Señor Jesús es lo que te pido.
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