
Señor, envía tu luz y tu verdad, ellas me guiarán a tu Santo Lugar, a tu morada.
Necesito estar en tu presencia OH Dios mío, Salvador mío. En ti habitan toda la sabiduría y el poder… todo el amor y la pureza. Te agradan la rectitud y el corazón íntegro Señor. Tu creaste todo cuanto existe, todo cuanto es, ha sido y será. Tu estableciste e universo y su crecimiento; tu sostienes las estrellas, las galaxias, los astros y los planetas… por tu poder viajan las estrellas. Con tu sabiduría creaste los cielos y la tierra, por tu poder estableciste los fundamentos de este mundo. Te necesito Señor… cada día de mi vida te necesito. Necesito tu guía Santo Señor… necesito tu dirección.
Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.
(Fil 1:9-11)
El amor ha de abundar, ha de crecer, ha de madurar. Ha de crecer en ciencia y en conocimiento; ha se aprender a usar la cabeza y a poner a prueba los sentimientos. Hemos de aprender a amar bien, no solamente a amar mucho, sino mucho y bien. Con la verdad y con honestidad, con inteligencia. Amando de verdad y no solamente con emociones fútiles y pasajeras.
El amor debe crecer… en ciencia. Debe aprender a conocer la Palabra de Dios. Aprender las reglas de juego. Aprender que es lo bueno y lo malo… que es lo que dice Aquel que es Amor; de quien todo el amor nace, quien es la fuente de todo amor. La Palabra de Dios es el marco de esa ciencia… es el eco permanente de su eterna voz… es la imagen de su sabiduría que reconocemos en ese dibujo infinito que es incomprensible para el hombre, pero que es sendero conocido para el Espíritu de Dios que nos guía a conocerlo y a andar por él. Crecer en ciencia es crecer en el conocimiento de la palabra de Dios. Lo que Dios llama bueno y malo, lo que Dios aprueba, lo que Dios señala… lo que Dios advierte, lo que Dios condena. Ciencia…
El amor ha de crecer también en conocimiento. Buen juicio, discernimiento… aplicación de la ciencia. El amor ha de tener ojos y oídos para ver, para reconocer, para entender aquello que esta delante de él. Ha de ser capaz de comprender y reconocer aquello que significa amor ha cada momento. Solo así podrá el amor escoger aquello que es mejor. El amor ha de poner a prueba… ‘la prueba del sol’, todo aquello que toca. Todo aquello que se quiere llamarse amor pero posiblemente es solo un reflejo opaco, gastado, confuso y engañador de algo hermoso que todos buscamos (pues de El provenimos) pero a veces confundimos, dando paso en esta confusión a que aquel que vino a robar, matar y destruir; destruya aquello que Dios en su infinita misericordia nos quiso regalar.
Solo así el amor ha de reconocer aquello que es mejor. Aquello que es excelente, aquello que ha de ser semilla para dar fruto eterno, fruto para la gloria de Dios – y por ello – fruto de paz y gozo a nuestra vida.
¿Estoy Señor amando con vanas emociones?
Envía Señor tu luz y tu verdad… ellas me guiarán.