Le dijeron: ¿Pues quién eres? Para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? (Juan 1:22)
¿Qué tan importante es conocer quién eres? ¿Qué tan fácil es responder esta pregunta? ¿Cuál es la perspectiva correcta?
No es fácil responder, en cuanto empezamos a hacerlo, nos damos cuenta que aquello que usamos para definirnos es finito, pasajero, temporal… nuestra raza, nuestro género, nuestra profesión, nuestra ciudadanía, nuestros logros o fracasos; fortalezas o debilidades; planes, deseos, sueños… ¿es realmente eso lo que nos define, o solo lo que llena nuestra vida?
En el lado espiritual, por fe decimos que somos hijos de Dios por medio de Cristo y esto empieza a definirnos un poco más, es una identidad que va mucho más allá de lo que pensamos, una identidad que debemos explorar… como cuando un niño descubre que es parte de una familia, que tiene unos padres y hermanos que, aunque no lo definen, le dan un contexto. Entonces, mientras crece, se va descubriendo a sí mismo, internalizando e individualizando aquello que ve y siente de sí mismo y de los demás.
Pero en la pregunta ¿quién eres? Hay algo aún más profundo. Algo que clama por una explicación individual para trascender de la familia a la identidad personal a través de la cual me será posible identificarme, reconocerme, aceptarme, amarme y comprenderme… me atrevo a decir que es esta identificación la que traerá paz y satisfacción al alma que se busca y no se encuentra. Paz porque la búsqueda termina, es como llegar a casa; satisfacción porque solo entonces podré entender mi verdadero propósito en este mundo, y solo al caminar en él encontraré satisfacción.
Me atrevo a decir que somos mucho más que el producto de la coincidencia, que nuestra existencia no se debe al azar y somos más que solo un número de entre los más de 6 billones de habitantes del planeta… de los miles de billones de seres que han nacido en este mundo… seguramente preguntándose la misma pregunta.
La respuesta de quienes somos no puede provenir de nosotros mismos pues nuestro conocimiento es limitado… realmente, por naturaleza, somos bastante ignorantes acerca de nosotros mismos. Nos descubrimos con el tiempo; y con el tiempo también nos mejoramos o nos empeoramos. Dentro de la maravillosa libertad que ha sido dada a los hombres, debemos reconocer que nuestras elecciones nos acercan o nos alejan de descubrirnos; no definen quienes somos, solo facilitan o dificultan el descubrirlo. La clave de todo esto es reconocer que nosotros no nos auto-creamos, tampoco nos crean las circunstancias de nuestra vida; fuimos creados… las circunstancias de nuestra vida facilitan o dificultan descubrir esto y descubrirnos a nosotros mismos según esta realidad… ¿Quién me creó? ¿Qué me creó?
Las respuestas están sin duda en el que nos creó, en el que nos concibió en su mente y corazón, muchísimo antes de que fuésemos concebidos en el vientre de nuestra madre. Hemos de acudir a El para saber quienes somos; pues como la vasija no se define a si misma, ni escoge su forma; así nosotros fuimos definidos por El únicamente… como dice su palabra: fuimos creados en El, por medio de El, y para El. Parece, entonces, que la única solución para saber quienes somos esta en El.
“Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino de Señor, como dijo el profeta Isaías.” (Juan 1:23)
La respuesta de Juan refleja cosas que deseo en mi vida…
· Juan sabía lo que no era. Sabía que no era Elías, ni Jesús, sabía que no era otro (y no trataba se serlo) sino él mismo.
· Se identificaba con un propósito y no con circunstancias o características. Este propósito era completamente suyo, pero no para él mismo; era un propósito del Reino de Dios.
· Se identificaba con un Dios, con una autoridad, con una voluntad mayor que la suya propia… ¿cuántas veces tengo que recordar que no soy lo que yo decido, sino lo que Dios me hizo?
· Juan definió su identidad a través de la palabra de Dios.
¿Hay alguien que pueda decirnos quienes somos? Solamente Dios. Debemos buscarlo sin cesar para descubrirlo, para recibir de El esa revelación.
Yo no se si Juan recibió la influencia de sus padres cuando le hablaban de aquella revelación que ellos mismos recibieron cuando Juan nació… yo no se si la recibió en los íntimos momentos de comunión con Dios… yo no se si fue al desierto para buscarse a sí mismo y se descubrió allí, en el silencio y la separación de ‘lo cómodo y normal’… nada de esto se. Solo se que Dios lo sabe. El sabe quien soy pues pensó en mí antes de que existiera. Mi deseo, el deseo de mi corazón, es ser exactamente quien Dios hizo; y creo que me lo quiere decir… pero lo que me quiere decir es algo muy bueno y maravilloso para simplemente ser información… es intimidad, es experiencia, es caminar juntos… es como un padre tratando de explicarle a un hijo quien es ese hijo para su padre. El padre atesora el momento, el hijo lo desea con ansias…el padre y el hijo lo quieren disfrutar. Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces…
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