Tuesday, February 19, 2008

Hambre y oración...


‘… David cuando tuvo hambre… entró en la casa de Dios… y comió…’ (Lucas 6:3-4)

 

Siempre hay provisión en la casa de Dios para sus hijos.  Siempre.

 

Hace tiempo escuchaba un mensaje de Dante Gebel en el que una frase reflejaba un principio espiritual muy profundo; la frase decía “no importa lo que hayas hecho, tienes un sitio en la mesa… ven, siéntate y come; luego hablaremos de lo que hiciste…” La mesa se refería a estar en la presencia de Dios y el principio espiritual que se señalaba es aquél que nos enseña que en Cristo y por Cristo, siempre podemos acercarnos sin temor a la presencia de Dios… es el único lugar donde encontraremos ese alimento espiritual que nos sustenta.  El caso común es que cuando sabemos que hemos fallado y ofendido a Dios, el primer engaño que debemos enfrentar es el temor de ir a la presencia de Dios… el error es aislarnos, dejar de orar, dejar de hablar con Dios y estar en su presencia.

 

¿De qué tienes necesidad hoy?  ¿Tienes hambre?  Hay distintos tipos de hambres, las hay físicas, las hay emocionales, las hay espirituales; incluso hay habres de sabiduría y dirección.  Cuando hay hambre y no hay alimento por mucho tiempo viene la malnutrición, la enfermedad, el dolor.  Sea cual fuere el hambre que hoy enfrentas, solo en la casa de Dios hallarás satisfacción.  Como hay distintos tipos de hambres, también hay distintos tipos de panes; de alimentos según la necesidad.  Es en la presencia de Dios donde encontrarás el alimento necesario y específico para tu necesidad.  El ofrecer este alimento es la gloria de Dios y no la del hombre.  Dios es el proveedor, el dador de toda buena dádiva y el único capaz de satisfacer nuestras necesidades.

 

No importa lo que hayas hecho; tienes acceso a la presencia de Dios en Jesucristo.  Esto no debe ser malinterpretado, no quiero decir que esta bien ofender a Dios o que el pecado no tenga relevancia; al contrario, la misma historia de David entrando en la casa de Dios para comer del pan consagrado (1 Sam 21) nos enseña que todo acto y pecado tienen consecuencias; y que las consecuencias se enfrentan siempre; tarde o temprano.  Lo que quiero decir es que aunque hayamos pecado, tenemos acceso a la presencia de Dios a través de su Hijo Jesucristo, quien pago en la cruz con su vida y su sangre, el precio de este acceso.  Aunque tengamos ofensas, en Cristo tenemos acceso a la gracia de Dios.

 

Al igual que un hijo desobediente, la culpa y la incomodidad en nuestro corazón serán más intensas cuando estemos en la mesa de Dios; y solo cesarán cuando hablemos de esa ofensa con Dios.  La confesión, el arrepentimiento y el otorgar o pedir perdón son los únicos caminos que el hijo desobediente tiene para reconciliarse con su padre y ser capaz de sentir nuevamente aquello que nunca cesó de existir… el amor del Padre.  Este amor es la garantía del Padre, es la base de la identidad de hijo, es su herencia irrevocable.

 

“… y dio también de comer a quienes estaban con él…” ¿Quién es este David capaz de dar también de comer a otros?, ¿Quién es este hombre que es capaz de tomar de la mesa de Dios para satisfacer la necesidad de otros?  Pues es simplemente uno amado por Dios, uno de sus hijos.  Esta era la naturaleza de David: cuando un hombre ha estado en la presencia de Dios y conoce su mesa y como en ella toda satisfacción es suplida; este hombre se convierte en instrumento de Dios para otros.  Se convierte en intercesor de las necesidades de otros; en señalador de aquel lugar en donde siempre hay pan.  No para su gloria sino para la gloria de su Padre quien es el proveedor … así, algún día, esos otros hambrientos que van con él conozcan y tengan también acceso a la mesa de Dios en Cristo Jesús. 

Thursday, February 7, 2008

El publicano...


 “… salió, y vio a un publicano llamado Leví… y le dijo: sígueme.” (Lucas 5:27)

 

Cristo también usa a los pecadores.  También tiene un llamado de vida para los pecadores; un llamado a discipulado; un propósito de Reino. 

 

No se trata del pasado, no se trata de lo que hicimos antes, no se trata de un perfecto registro de vida… se trata de que Jesús nos vea; y nos llame.  Jesús nos ve como somos realmente… él nos ha visto sentados en la mesa del pecado, él sabe que somos publicanos, conoce todo de nosotros… aun así nos llama.  El sonido de su voz es irresistible, como llama en el corazón.  Nos llama como somos, no nos envía a cambiar primero, a ganar méritos; solo nos llama a seguirlo.  El nos cambiará en el camino… solo si decidimos seguirlo.

 

Es el momento de la verdad, es el momento de escoger.  Hay que hacer una decisión aquí y ahora. ¿Cómo responderemos a la sola y simple palabra de Jesús?  Sígueme.  Camina.  Deja lo que estas haciendo.  Ponte en movimiento, mírame y sigue caminando en mi dirección.  Es un llamado profundo a escoger; a dejar; a levantarnos; y a caminar en pos de Jesús… no es un llamado pasivo sino un llamado activo.  De movimiento…

 

“…y dejándolo todo, se levantó, y le siguió”

 

La decisión estaba hecha.  Nada había que decir, no había vuelta atrás.  El pecador que nunca fue digno de nada honroso ante los ojos religiosos recibe el llamado de mas honra de la historia de la creación… seguir al Creador.  Lo vergonzoso se vuelve honroso; lo impuro puro; lo inútil útil; lo de destrucción de edificación.  ¿No es esto transformación?

 

Una palabra, un llamado, un momento de decisión… una respuesta… una nueva criatura que los ángeles miran con admiración por ser transformado en el recipiente, el instrumento del mas noble propósito de la creación.  Dios es fiel.

 

Cristo ha venido por los enfermos… por los que saben que están enfermos y buscan ayuda desesperadamente.  Cristo vino a llamar a los pecadores al arrepentimiento.  Los justos no necesitan un Salvador en su propia inteligencia.  Los pecadores le buscan desesperadamente.  Es la diferencia que produce esperanza en El, en su obra, en su perdón.

 

La religiosidad ciega y entorpece la mente volviéndola un obstáculo en lugar de un instrumento para obedecer, para reconocer las promesas de Dios que están siendo cumplidas, para recibir el gozo de ver a Dios obrar, a Cristo conquistar… de ver a Dios transformar para su gloria.  La religiosidad crea una subcultura llena de juicios, aislada, resentida y ansiosa, sin capacidad de ver la verdad.

Wednesday, February 6, 2008

Perdón y Sanidad...


… y el poder del Señor estaba con él para sanar. (Lucas 5:17)

 

Mientras Jesús estaba enseñando, mientras servía a Dios, mientras cumplía su propósito en la tierra, mientras caminaba… el poder de Dios estaba con Jesús para sanar.  No era lo que estaba haciendo o como lo hacía; era su propia presencia, era la voluntad de Dios y el momento que El escogió para dar sanidad.  Jesús sabía que el poder de Dios estaba con él y que se manifestaba de acuerdo a la voluntad de Dios en el contexto de la fe de los hombres.  Momentos impredecibles para los hombres, conocidos ya por Dios. 

 

¿Podemos nosotros – meros seres humanos – conocer o sentir el momento en el que la presencia del Dios Soberano y su poder están con nosotros para sanar?  Posiblemente no podemos conocer de antemano el momento y mucho menos planearlo; pero posiblemente podemos sentirlo cuando llega ya que es revelado por el Espíritu Santo.  Es el momento de la presencia de Dios obrando.

 

Mas que el momento mismo es sin duda importante le fe pues Jesús mira la fe antes de pronunciar las palabras de perdón a quien estaba paralítico por causa de sus propios pecados.  No solo mira la fe del enfermo sino la fe de aquellos que realizan verdaderos esfuerzos para poner al enfermo delante de Jesús.  Esta es una fe asombrosa para mí, es un reflejo de la intercesión, de la fe que trasciende mis propias necesidades para enfocarse en las de otros.  Esta es una fe que nos obliga a esforzarnos por poner a alguien delante de Jesús… “procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él”, pero al no poder por causa de la gente lo bajaron haciendo una abertura en el techo... “poniéndole en medio, delante de Jesús”. 

 

A veces la fe salvadora, la fe que Dios ve para perdonar los pecados es la de aquellos que nos cargan en nuestros momentos más duros.  Es una fe que no puede venir de otro lugar que del amor; el amor de hermanos, el amor de amigos; el amor que Dios implantó en nuestros corazones y que – aun cuando no le conocíamos – nos lleva a compartir las cargas de otros.  Ese amor se perfecciona y es real solamente en Jesús, solamente cuando Jesús es el destino, la esperanza, el motivo y el recurso de ese amor.  Jesús redime el amor y le da dirección correcta y verdadera… la dirección del Salvador; en él, la esperanza se convierte en fe en Cristo; y la fe en Cristo produce el perdón de los pecados… y la sanidad.

 

¿Qué es más fácil decir… estas perdonado o eres sano?... la verdad es que no lo se.  Ambas potestades son solamente de Dios, pero algunas veces él escoge expresarlas o manifestarlas a través de sus hijos y cuando él lo hace se produce ese momento conocido por Dios en el que el poder del Señor esta con Cristo para sanar… a través de mí! 

 

Verdaderamente el poder de Dios esta con nosotros como imagen y semejanza suya, como herederos, embajadores y ministros de la reconciliación.  Ese poder que a veces Dios despliega milagrosamente a través de nosotros, se refleja permanentemente en nuestro amor redimido y enfocado en Cristo que nos hace capaces y deseosos de compartir las cargas de otros; se refleja en nuestra fe que se esfuerza por poner al necesitado en presencia de Cristo.

 

Que nuestra mente sea un instrumento de obediencia en esta misión de reflejar… que no sea – como en el caso de los fariseos y doctores de la ley – un obstáculo.

 

Gracias Señor por tu hermosa palabra.  Que yo pueda ser reflejo de tu gloria, de tu perdón y de tu sanidad.  Que mi amor sea redimido por Crsto.  Que mi fe este dispuesta a cargar las cargas con otros, a esforzarme por presentarlos en tu presencia… te lo pido en el nombre de Cristo.  Amén.