Enero 9, 2008
“Mi alma quedará satisfecha
como de un suculento banquete,
y con labios jubilosos te alabará mi boca”
(Salmo 63:5)
La búsqueda de satisfacción es inherente en el hombre… el corazón del hombre busca ser satisfecho. La búsqueda de satisfacción no es el problema del corazón humano; el problema se presenta cuando:
- Esta búsqueda o la satisfacción en sí misma es mas importante que Dios.
- Olvidamos que toda bendición y la satisfacción que produce en nuestras vidas provienen de Dios, así nos confundimos creyendo que son las bendiciones la fuente de satisfacción y no Dios. Adoramos las bendiciones en lugar de Aquel que bendice.
- No creemos totalmente que Dios es capaz de satisfacernos en todas las áreas, en todo el tiempo.
Reconocer claramente quien es el que satisface a través de sus bendiciones otorga al mismo tiempo la libertad necesaria para recibir y disfrutar de esas bendiciones sin culpas ni complejos. Este es un digno objetivo para todo creyente en Jesucristo.
Aprender a reconocer a Dios como fuente de toda satisfacción puede implicar aprender a encontrar satisfacción en Dios aún cuando no hay bendiciones aparentes; puede implicar aprender a alabar a Dios en medio de la tormenta mientras sentimos esa paz que solo El puede producir en el corazón y descubrimos la satisfacción de su sola presencia... ¿quién puede arrebatar esa satisfacción? Tal vez esa es la única forma de vencer mi adicción a las bendiciones, la que con frecuencia me engaña y me hace dependiente de ellas y no de Dios; la que me confunde y me roba la paz que el Príncipe de Paz me regaló a precio de su sangre.
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