Wednesday, January 9, 2008

Latinos en USA - Reconciliación y Propósito


Enero 2007

LATINOS EN USA – RECONCILIACION Y PROPOSITO

 

Vacío.  El corazón que no tiene propósito para su vida esta vacío.  Un corazón vacío busca desesperadamente algo significativo que lo llene pues fuimos creados para ser significativos; para ser importantes para alguien; para algo.  El significado de la existencia de un ser humano viene cuando éste encuentra o determina su propósito. 

 

La sola idea de ser significativo, de tener un propósito en esta vida crea en el corazón esperanza; alimentada por esa esperanza la mente se transforma produciéndose la fe.  La fe verdadera produce decisión y esta a su vez produce acción; obras; fruto.  Fuimos creados para dar buen fruto, fruto que perdure.  El problema se sucita cuando el corazón es engañado y pone su esperanza en algo que es mentira; confunde entonces su propósito; oscurece el entendimiento de la mente causando decisiones erradas; acciones que producen frutos amargos; dolorosos; decepcionantes.  Entonces el corazón se endurece a la verdad y se pierde, vagando con heridas reales aunque a veces olvidadas; buscando propósito, preso en un círculo contínuo de decepciones.  Llega un momento en el que el corazón se convence de que la vida es asi; de que vive la realidad y entonces se conforma y se estanca... creado para ser significativo pero estancado en una vida mediocre.  ¿Es este el caso de miles de inmigrantes Latinos en USA?

 

La verdad libera pero para hacerlo debe primero entrar en el corazón; solo entonces reestablecerá la esperanza correcta para reconciliar el real propósito de la existencia.  La mente será renovada por la fe verdadera y producirá los frutos que no decepcionan y que agradan a Dios.  A veces el corazón esta tan duro que ni siquiera sabe que esta preso; aunque produce buenos frutos en un área los produce amargos en otra.  Es el caso del creyente que no puede vencer la ira o la depresión.  Solo Dios puede suavizar su corazón para que la verdad entre en él relacionándose de una manera única y personal con su pasado, presente y futuro.

 

Habiendo yo mismo nacido en Latinoamérica y viviendo ahora en los Estados Unidos me he preguntado varias veces cuál es mi propósito en este país.  ¿Estoy en donde debo estar; dentro de la voluntad de Dios o debo regresar a mi tierra?, ¿Tiene Dios un propósito para mi aqui o en mi país de origen?, ¿Vine  huyendo erróneamente de algo y buscando solamente mi propio beneficio?.  Aunque estas preguntas son menos relevantes para los creyentes que llegaron a USA obedeciendo un llamado del Señor; son sin duda muy profundas y reales para aquellos que encontramos aqui la salvación de nuestras almas; más aún para los miles de immigrantes indocumentados que no tienen documentos válidos en este país pero que aqui encontraron su pasaporte al Reino de los cielos y su verdadera y eterna nacionalidad.

 

Especialmente para estos últimos estas preguntas conllevan miedo, confusión y a veces ira, verguenza y resentimiento.  Increibles historias de justicia y de injusticia estan escritas entre las líneas de esta realidad social que no encuentra alivio a la tensión permanente que genera en nativos e immigrantes; documentados e indocumentados; beneficiados y perjudicados.

 

Pero existe una pregunta válida para todos; ¿Es una coincidencia que este fenómeno migratorio este sucediendo?  Si no cae un pajarillo sin que lo permita el Padre estamos seguros que Dios esta informado de lo que sucede y que en su infinito poder y sabiduría su Palabra declara que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Rom 8:28)  Poderosa promesa que no es exclusiva de nacionales ni lo es de extranjeros sino de todos hijos de Dios por igual.  Dios no desperdicia el dolor y el sufrimiento; solo El puede transformarlo todo en luz para su gloria.

 

Dos personajes de la Biblia también enfrentaron un dilema con la ley, la justicia y su propósito; estos fueron Absalón, hijo rebelde del rey David; y Onésimo, esclavo fugitivo de Filemón.  En ambos la gracia y la justicia de Dios estuvieron presentes aunque sus vidas tomaron distintos rumbos.  Ambos sufrieron; ambos tomaron la justicia por sus propias manos; ambos pecaron; ambos fueron perdonados pero solo uno de ellos demostró verdadero arrepentimiento siendo capaz de perdonar, reconciliando asi su propósito con la voluntad de Dios.

 

Absalón fue un jóven que jamás produjo verdaderos frutos de arrepentimiento y aunque fue perdonado no aprendió perdonar.  Cegado por el dolor causado a su amada hermana Tamar; mató a su hermano Ammon quien la había violado.  Posiblemente tampoco perdonó nunca a su padre David por no haber buscado castigo para el violador.  Los años que pasó en el exilio de Gesur endurecieron aún más su corazón en lugar de producir en él arrepentimiento.  Por gracia le fue concedido el beso de perdón de su padre y rey pero este perdón no se perfeccionó en reconciliación ya que solo el arrepentimiento verdadero suaviza el corazón y lo transforma.  Sumido en el orgullo y la oscuridad Absalón se rebeló completamente contra su padre y trató de arrebatarle el trono de Israel sumando pecado sobre pecado.  Finalmente murió habiendo fracasado.  Su propósito le fue arrebatado.

 

Onésimo sufrió esclavitud y también tomó la justicia por sus manos robando y huyendo de su amo.  Escondió su pecado en medio de la gran ciudad de Roma tratando de vivir en ella su falsa libertad ya que las cadenas aún las llevaba en el corazón.  No sabemos lo que usó el Señor para atraerlo a Jesucristo ni cuánto tiempo pasó o cuánto temor enfrentó su alma hasta que de la mano de su discipulador el apóstol Pablo, tomó una decisión tan valiente como insensata ante los ojos del mundo; decidió regresar a Colosas para enfrentar a su amo, pedirle perdón y reconciliarse con él.  Fue un acto que demostró el arrepentimiento de su corazón y aunque representó mucho riesgo; fue la manera en la que Onésimo entregó completamente su destino en manos del Señor.  No sabemos los pormenores  del encuentro pero es muy probable que Onésimo fuese años después el Obispo de la Iglesia de Efeso.  La reconciliación de este esclavo fugitivo con su pasado también lo reoncilió con su futuro; con su propósito en el Reino de Dios.

 

La diferencia entre estos dos hombres fue la reconciliación que se produjo en sus vidas; aquella que es verdadera y que requiere un corazón abierto y sensible a la verdad; capaz de reconocer sin justificativos el pecado y producir real fruto de arrepentimiento.  Un corazón capaz de perdonar; de pedir perdón y de recibirlo; es también capaz de realizar un viaje al pasado para enfrentar la impiedad en la presencia de Dios y hacer recto lo que estuvo torcido reconociendo sus motivos a la Luz de Cristo.  Ese viaje seguramente produjo temor e incomodidad en Onésimo pero la promesa de un Dios bueno y Todopoderoso que dispone todas las cosas para bien de los que lo aman (obedecen) seguramente generó esperanza en su corazón; fe en su mente y finalmente decisión.  La reconciliación es la perfección del perdón recibido por gracia en la cruz. 

 

También los Latinos immigrantes requerimos reconciliación; legales o ilegales; de primera, segunda o tercera generación; pues en muchos de los casos las razones que nos trajeron a este país estuvieron fundadas en una ruptura que conllevó necesidad, decepción, separación, obligación o dolor.  Solo la justa  y verdadera reconciliación del corazón con aquello de lo que nos separamos producirá en nosotros - como en el caso de Onésimo - una reconciliación con el propósito para el que fuimos llamados.  Un propósito que no tiene nada que ver con reinos terrenales sino con el Reino de los Cielos del cual somos ciudadanos.  Esta reconciliación es un viaje que aunque tal vez no se dé físicamente sin duda se debe iniciar espiritualmente; de rodillas; en oración.  Considero que en este viaje debemos buscar reconciliarnos con cinco aspectos de nuestra vida e identidad:

 

Con la justicia.  Venimos de cunas de rebeldía y corrupción.  Nuestros países sufren de este mal en todos sus estamentos; en todos sus niveles.  Pecamos nosotros; pecaron nuestros padres y los padres de nuestros padres; pecaron nustras autoridades; nuestros líderes y nuestros sacerdotes.  Como en el tiempo de Esdras necesitamos arrepentirnos para ser libres del estigma de rebeldía, injusticia e inconformidad que nos acecha.

 

Con nuestra raza.  Como fue expresado por un líder cristiano latino en una convención misionera, los hispanos somos en nuestra mayoría mestizos; existen en nuestras venas dos sangres en conflicto; dos identidades en batalla.  Nuestra parte indígena; pagana y oprimida clama redención y justicia por las generaciones de idolatría, de abuso y segregación.  Nuestra parte europea, conquistadora sufre el veneno de la corrupción, la avaricia y la culpa por atrocidades cometidas.  Ambos son nuestros padres; indígenas y europeos; ambos claman ser reconocidos y respetados como ancestros, origen y antepasados.   Solo la sangre de Cristo puede traer paz ayudandonos a aceptarlos, perdonarlos y honrarlos como establece uno de los mandamientos entregados a Moisés.

 

Con nuestra nación.  Fuimos expectadores de la pobreza e injusticia en nuestras naciones y por eso las criticamos, las juzgamos en nuestros corazones y emitimos juicios contra ellas y contra nuestras autoridades.  Esos juicios nos atan; oscurecen nuestro entendimiento y pueden volverse contrra nosotros en cualquier parte del mundo a la que vayamos.  Dios establece que asi como juzgamos seremos juzgados.  Dios requiere que intercedamos por nuestras autoridades, si juzgamos hemos de juzgar las acciones en justicia, los frutos; no a las personas pues a imagen de creador fueron creadas y El permitió su posición de autoridad.  Emitimos juicios también contra nuestras naciones vecinas hermanas reflejando la sombra de sangrientas y repetidas guerras.  Dios nos llamó a unión, armonía y perdón.  No existen en el cielo los reinos de Juda e Israel; existe un solo pueblo; un solo remanente; una sola nación.

 

Con la Iglesia.  Estuvo presente desde el descubrimiento de América y la historia muestra sus aciertos y sus errores; especialmente en la dura época de la esclavitud y el desamor de nuestros padres.  Pero la Iglesia sige siendo la novia de Cristo y cada una de sus imperfecciones es una ocasión para amarla como Dios nos ama con nuestras imperfecciones.  Más aún; de profundo origen Católico nuestras naciones recibireon la reforma de la fe y esto provocó una celosa y dolorosa batalla entre la Iglesia Católica y Evangélica.  Ninguna de las dos Iglesias fue a la cruz por nosotros; fue Cristo quien lo hizo y lo hizo tanto por aquellos que estan en la una como en la otra.  ¿Podremos reflejar amor en nuestras vidas conformándonos tan solo con señalar al Salvador y dejando que sea el Epíritu el que dé testimonio a aquellos que son los hijos de Dios?

 

Con nuestro propósito.  No se trata de lo que nosotros podemos hacer por Dios sino de lo que El quiere hacer a través de nosotros; pero estamos seguros que Dios usa vasijas limpias dispuestas a servir para la expansión del Reino de los Cielos en la Tierra.  Su Reino; no los nuestros; no nuestra comodidad y abundancia; no nuestra situación financiera y nuestra libertad terrenal.  No fuimos llamados a conquistar este país ni esta tierra para arrebatar la bendición de nuestros hermanos estadounidences; si hemos ser bendecidos será para ser bendición y ánimo para el Reino ya establecido asi como para el que se expande; aqui y en el mundo entero.  En la crisis de identidad de miles de Latinos en USA ¿no se escuchará el susurro de Dios hablando de evangelismo mundial; de misiones en países cerrados aún al Evangelio?  Ya somos un pueblo immigrante viviendo la tensión intercultural, racial y de idioma.  ¿No será este un propósito factible para miles de jóvenes creyentes hispanos llenos de pasión que buscan una visión real para sus vidas y para sus corazones divididos en medio de dos culturas?

 

Queda finalmente algo rondando en mi mente; mientras Absalón no tuvo a nadie junto a él capaz de ayudarlo a mirar la realidad en medio de su oscuridad; Onésimo contó con la ayuda de aquel que se llamó a si mismo ministro de la reconciliación; el apósto Pablo.  ¿Estamos los creyentes en USA siendo realmente ministros de la reconciliación?.  No solamente se trata de salvación pues por la gracia de Dios ya fue recibida para muchos; se trata de la transformación completa del ser humano y su reconciliación con el propósito que Dios estableció en su vida.  Solo asi la salvación para los que no la tienen seguirá extendiéndose como fuego.  Resuena en mi el eco de las últimas palabras de la carta de Santiago que nos exhortan a ayudar a los extraviados a volver a la verdad ya que asi salvaremos de la muerte un alma y cubriremos muchos pecados.

 

¿Seremos los latinos en USA como Onésimo o como Absalón?... no lo sé pero sé que hay algo en lo que jamás podemos equivocarnos: “...si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra”. (2 Cro 7:14)


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