01/15/08
El desierto y la gracia…
… el pueblo que escapó de la espada, halló gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de reposo… (Jer 31:3)
A veces el desierto es la alternativa a la espada; a la muerte del pecado; una intencional o forzada elección buscando reposo; o el único lugar al que se puede escapar del enemigo que acecha poderoso con firme amenaza de muerte.
Otras veces el desierto es la consecuencia de nuestros propios pecados; la consecuencia de nuestra propia conducta y necedad que se empeña en desviarse del camino y someterse a una voluntad más alta.
Otras veces el desierto es solo un instrumento; es el lugar a donde el mismo Espíritu de Dios nos guía intencionalmente, no por nuestra conducta o como consecuencia de nuestros actos; sino más bien como destino pasajero al que vamos solo para recibir aquello que Dios quiere darnos… humildad, autoridad, santidad, paciencia, instrucción…
Sea como sea… en el desierto es en el lugar donde hallamos la gracia de Dios.
En el desierto Dios nos habla al corazón como se describe en el libro de Oseas… es en el desierto resuenan sus palabras escritas en Jeremías… ‘con amor eterno te he amado, por tanto, te prolongué mi misericordia…’ palabras de amor y palabras de gracia de un Dios eterno que aún hoy es capaz de prolongarnos su amor y su perdón como diciéndonos que no todo esta perdido, que no es demasiado tarde… que El aún nos espera. Sea cual fuere esa área que aún no podemos vencer; Dios aún tiene un plan.
En el desierto Dios siembra esperanza en el corazón con su promesa de edificarnos de nuevo, sí, aún nos ha de edificar, aún seremos adornados y danzaremos; aún plantaremos una viña y disfrutaremos de su fruto…
En el desierto Dios reúne aquello que El mismo dispersó… lo que fue separado, espantado y esparcido, es reagrupado y reunido en el desierto.
En el desierto Dios es el que guía, Dios es el único Pastor… pastorea a débiles y heridos; a ciegos y cojos, a recién nacidos y acabadas de dar a luz… El sabe pastorearnos con ternura y con amor… en el desierto aquel cuyo corazón fue quebrantado es pastoreado por Dios, es tratado con ternura… en el Desierto Dios hace fáciles los caminos difíciles.
En el desierto Dios purifica nuestra alma, la limpia de confusión y nos recuerda quién es la fuente verdadera de toda bendición… nos devuelvo la perspectiva clara, no adulterada ni corrompida por las cosas de este mundo o las mentiras de Satanás. En el desierto recordamos que solo El puede satisfacernos con cosas buenas, que solo de El proviene toda satisfacción verdadera… En el desierto los deseos que se vuelven dioses caen y es el Dios verdadero el que satisface los deseos. La verdad nos libera de confusión y Dios nos regala una bendición mas… la capacidad de disfrutar de esas bendiciones. Esa capacidad viene solo de El y esta supeditada a entender que solo El es fuente de bendición – de El provienen todas – y fuente de satisfacción – El permite que nuestro corazón reciba y disfrute con libertad y en totalidad.
En el desierto es Dios el que seca las lágrimas de nuestros ojos, es Dios el que nos consuela y siembra esperanza verdadera; esperanza que no falla para nuestro porvenir… habrá salario para nuestro trabajo, porvenir para nuestra descendencia… aún hay planes de Dios para nuestra vida.
En el desierto finalmente Dios nos concede el regalo de su gracia: el arrepentimiento verdadero de nuestro corazón; el único que nos permite recibir el regalo máximo de su salvación… Jesucristo sacrificado por nuestros pecados. Solo Dios nos puede llevar a ese lugar, al lugar donde el corazón finalmente es vencido y se somete totalmente en arrepentimiento; reconociendo por fin con claridad sus faltas… entonces, el Dios del cielo y la Tierra; el Dios del Universo dice… ‘mis entrañas se conmovieron por él, ciertamente tendré de él misericordia…’
(Recomendación: Leer el capítulo 31 del libro de Jeremías de la Biblia)
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