Wednesday, January 9, 2008

De la multicultura a la reconciliación social:



DE LA MULTICULTURA A LA RECONCILIACION SOCIAL

 

El permanente intercambio cultural en la actualidad es asombroso.  El mundo esta ahora al alcance de la mano; desde la reservación para cenar en un restaurante de comida vietnamita hasta la decoración del salón al estilo contemporaneo persa disponible en una vitrina; pasando por el estudio de Yoga del barrio; saborando el café del día que es etíope y el shwarma para llevar dispensado por un libanés que chapurrea algo de español y recuerda el nombre de dos de los presidentes de la República del Ecuador.

 

No hace falta siquiera conectarse al internet para estar “conectado” con el mundo; la diversidad es ya característica indiscutible de las ciudades modernas.  En los hospitales hay doctores de todas las nacionalidades; es incluso un reto encotrar una enfermera que hable inlgés sin acento.  No es extraño que un asiático sea socio de un restaurante mexicano ni que sean los latinoamericanos los responsables de ponerle el sabor y la sazón a la comida típica china.  Este es el panorama de la ciudad moderna; se han vencido barreras del idioma y la cultura en pos de un un salario y una oportunidad de vida.  No importa ya por qué vinimos los immigrantes; el caso es que estamos aqui, venimos de todo el mundo y nada en lo aparente hace pensar que esta creciente diversidad vaya a disminuir.  No se trata de Hispanos o Asiáticos o Arabes; se trata del nuevo DNA de la ciudad misma en el que la suma de las minorías comienza a ser la mayoría.  Esta es la característica de la ciudad moderna; multicultural.

 

El caso es que detrás de esta aparente adaptación cultural que se refleja en la variedad de servicios multiculturales disponibles y el ‘conocimiento urbano’ de otras razas y tradiciones; subsisten profundas barreras sociales que no son invisibles. 

 

Barrios que se convierten en ghettos para miles de extranjeros que adaptan su pequeña ciudad dentro de la gran ciudad a la que acuden cada día a trabajar.  Es como trabajar en el extranjero; viajando cada día grandes distancas emocionales en una travesía de apenas decenas de millas.  Nos adaptamos - o mejor dicho nos acostumbramos por necesidad - pero el corazón sufre porque esta dividido; a veces se endurece, rechaza la verdad y el entendimiento nos es velado.  Las primeras generaciones de immigrantes luchan con todas sus fuerzas por alcanzar estabilidad financiera y la celebran con la esperanza de una vida mejor para sus hijos.  Pero los hijos crecen heredando en el corazón una barrera de división que ya no es el lenguaje como lo fue para sus padres - ahora es más profunda - es una barrera de identidad en el alma que lucha por entenderse a sí misma y encontrar su verdadero hogar.  Los padres se vuelven dependientes de sus hijos por causa del idioma; estan ausentes de su casa por la necesidad de ganarse la vida con uno o dos trabajos; son segregados y condenados en puestos carentes de oportunidad para estudiar o mejorar; son incomprendidos muchas veces por la sociedad local y no les queda más que abrirse camino duramente.  Las presiones los separan; los vicios los asechan; la familia se rompe.  Los hijos eventualmente pierden el respeto a sus padres invirtiendo los roles dados por Dios; rebelión, resentimiento, independencia, incomprensión...  No es extraño que miles de jóvenes busquen y confundan su identidad con la de una banda callejera en la que encuentran otros como ellos; otros que los entienden; otros que se convierten en lo más cercano a una familia para ellos.  ¿Cómo ayudarlos?

 

¿Y los nativos?  Conocen otras culturas solo superficialmente y lo desconocido naturalmente produce temor.  Ven sus barrios cambiar; la emoción inicial de ver lo que es diferente; de la música y de la comida pronto se transforma en desilusión cuando conocen el lado menos brillante de estos immigrantes que ya no son sus visitantes sino sus vecinos.  Estos más tarde o más temprano manifiestan la oscuridad de equipaje emocional que aún no han desempacado ganándose la crítica de los nativos para quienes no siempre es fácil adaptarse al cambio especialmente cuando nadie lo llamó; al fin y al cabo ¿no estarían todos mejor en su propio país?.  Eventualmente los nativos dejan sus barrios y se retiran formando a su vez otros ghettos, con otras reglas.  No es fácil llevar las cargas de otros... no es justo.  Los juicios son confusos y se producen los prejuicios o juicios previos que dictan el valor y comportamiento de una persona de acuerdo a su raza; de acuerdo a expreriencias a veces limitadas por la falta de conocimiento real.  La palabra protección aparece en lo íntimo del alma de los nativos; protejer su casa; protejer su manera de vivir; sus hijos; sus hijas; su riqueza.  Sienten que estan perdiendo el control de su propio país y preocupados se preguntan qué deben hacer.  ¿Cómo ayudarlos?

 

 

Asi vemos que después de lo aparente la multicultura no siempre trae unión sino más bien división.  El vivir en la misma ciudad no significa que estemos unidos; el trabajar juntos tampoco es sinónimo de unión; ambas partes tiene sus motivos, justas razones y deficiencias.  Pero sabemos que la voluntad de Dios es que haya unidad y aunque esto no significa que debamos hacerlo todo juntos sí implica que nos conozcamos; nos relacionemos y preocupemos los unos por los otros en el vínculo de paz, propósito y amor.  Sabemos finalmente que la busqueda de unidad es un proceso difícil, lleno de fricciones, retos y cambios.  Solo hace falta mirar el proceso que un hombre y una mujer deben recorrer hasta poder llamarse verdaderamente un matrimonio.

 

Por otro lado la proyección de esta dinámica multicultural se mira con preocupación.  De hecho existe ya una tercera cultura que aún nadie conoce con exactitud; es la cultura de la generación nacida bajo estas presiones; una generación que es culturalemente mestiza.  Si creemos en que Dios tiene un propósito para éste fenómeno en las grandes ciudades podemos también confiar en que tiene un propósito para esta generación y que El lo cumplirá en ella pero esto no anula nuestra responsabilidad como padres; responsabilidad que es muy seria ante Dios.  Los hijos serán el reflejo de las virtudes y deficiencias de sus padres; de su ejemplo y de su enseñanza.  La siguiente generación será la Iglesia del futuro y será sana en la medida en la que intencionalmente la ayudemos y procuremos tratar sus males con amor y verdad.   La medicina en este caso solo viene de Dios; pero se administra con nuestro ejemplo.  Sin ejemplo nuestros hijos reconocerán la contradicción entre lo que predicamos y lo que hacemos; la Iglesia para ellos no será un templo de Verdad sino de apariencias; heredarán nuestras barreras internas y posiblemente tendrán que enfrentarlas solos, aislados.

 

Es muy válido preguntarnos si éste fenomeno de la multicultura ha afectado a nuestra Iglesia local y a la Iglesia de nuestra ciudad.  Si no la ha afectado debería preocuparnos el hecho de que la Iglesia este desconectada de lo que definitivamente afecta a la ciudad.  ¿Cómo la Iglesia puede ser relevante en la ciudad si no siente su palpitar?   Por el contrario si la multicultura que Dios ha permitido sí ha afectado nuestra Iglesia deberíamos preguntarnos si ha traído crecimiento espiritual o división.  Solo un diagnóstico sincero y oportuno será bendecido con la verdad que es escencial para la vida verdadera.

 

¿Cuál debería ser entonces el papel de la Iglesia Cristiana ante el fenómeno de la multicultura? 

Seguramente no tan solo el de juzgarla tratando de establecer lo correcto y lo incorrecto; o tratando únicamente de sugerir la conducta adecuada en nativos e immigrantes mediante normas impuestas por mera autoridad.  No tan solo el tratar de influenciar poderes políticos para establecer leyes que obliguen a una mejor relación cultural; o tratando solo de establecer quien tiene la razón y quien no la tiene.  Nada de esto funciona por sí solo si no refleja un corazón inundado con el amor, la verdad y el verdadero poder de Dios. 

 

Tampoco le corresponde a la Iglesia actuar con apatía y solo contemplar el problema dejando que la solución llegue por sí sola; dejando la situación solamente en manos de las autoridades civiles sin la capacidad de enfrentarla a la luz de la Palabra de Dios.  Hemos sido llamados a ser sal y luz del mundo; hemos sido llamados a influir pero no ha hacerlo como el mundo lo hace sino como nuestro Señor nos lo mostró con su ejemplo cuando estuvo en la tierra. Con amor, servicio y verdad.  Con reconciliación y llamado a arrepentimiento tanto de las autoridades que emiten leyes asi como de las autoridades a las que les han sido encomendadas las almas... ¿por qué no?; las almas de los immigrantes que Dios ha permitido venir a la ciudad y las almas de los nativos a los que Dios les entregó esta tierra y en ella formaron sus hogares.

 

¿Cuál sería la prioridad de un pastor Hispano si Dios le encomendara una congregación Afro Americana?; ¿Y la de un Pastor Anglo si Dios lo pusiera sobre una congragación Hispana?... ¿Sería la prioridad la de cambiar a la congregación para que lo entiendan mejor a él y a su gente; o sería la de conocer a la congregación para cambiar su propio corazón (el del Pastor)?  Al fin y al cabo no se ama lo que no se conoce.  Creo que Dios intencionalemente ha entregado a cada pastor de esta ciudad una congregación culturalmente tan diversa como la ciudad misma.  Dios le preguntará qué tanto conoció a sus ovejas.


Creo que la Iglesia Cristiana tiene ante la multicultura una gran oportunidad; la de expresar el amor de Cristo.  Todo debería constituir una oportunidad para esta expresión entre quienes nos llamamos Iglesia; todo dolor; toda necesidad; todo reto; toda diferencia.  Este amor de Dios solo se puede expresar mediante el ministerio que El mismo nos ha entregado; el ministerio de la reconciliación; espiritual; racial, social; reconciliación a través de Cristo quien “...de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades... para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades”. (Efesios 2:14-16)

 

La reconciliación social debería ser la consecuencia del fenómeno de la multicultura.  Esta reconciliación social no se inicia en las leyes, ni en los demás; ni se inicia en la mayoría, ni en el más poderoso.  La reconciliación social se inicia en el corazón; en nuestro propio corazón y es un elemento fundamental para la obra del Espíritu de Dios en nosotros y su consecuencia en la transformación integral del hombre y de la comunidad.  Solo un hombre reconciliado es capaz de guiar a reconciliación.

 

Al igual que en nuestra salvación Dios actúa cuando somos capaces de venir ante El en oración con un corazón sincero que reconoce el propio pecado y el dolor recibido por el pecado de otros.  Dios nos recibe cuando acudimos a El un corazón arrepentido que busca la cruz para morir y ser transformados.  Dios honra un corazón que nombra a Jesucristo Señor y verdad sobre todas las cosas; las del mundo; las de la carne; las del pasado; las del presente y las del futuro; lo nombre Señor incluso sobre las confusiones de nuestra propia Iglesia.  A ese corazón Dios le concede perdón y le da la capacidad de perdonar a otros.  Ese intercambio de perdón producido en la cruz trae reconciliación social pues la identidad del hombre cambia y deja de estar arraigada a una tierra o un país para encontrar sus verdaderas raíces en el cielo y en un Reino que no es de este mundo.

 

Al igual que en nuestro camino de la fe; a este rendirse le sigue un proceso de conocimiento en el que el corazón ya no esta vendado por el pecado y la rebelión.  Este conocimiento debe ser intencional; cuesta tiempo; esfuerzo y acción... a veces dolor y desengaño.  Ojalá algún día podamos intentar conocer asi a nuestros vecinos; a nuestros hermanos y conciudadanos del cielo; a los santos de la Iglesia de Houston; a aquellos a quienes - junto a nosotros - estaría dirigida una Epístola si Cristo nos escribiera ahora... no a la Iglesia Hispana o Anglo o Asiática de nuestra ciudad; sino a la Iglesia – la única Iglesia – de nuestra ciudad.

 

Que Dios guíe a nuestros líderes espirituales a actuar como aquellos justos de los tiempos de la Biblia; con ejemplo y firmeza; con temor de Dios y públicamente.  ¿Qué pasaría si la Iglesia de una cultura pidiera pedón públicamente a la Iglesia de otra cultura?

 

Personalmente como hijo de Dios y como immigrante en este país y en este mundo por ahora me queda soñar y orar para que juntos y guiados por el Espíritu Santo seamos capaces de enfrentar nuestras diferencias.  Quizás un día seamos capaces de decir que Dios permitió la multicultura y a través de ella Cristo trajo reconciliación social; y a través de ella propósito; y a través de ella transformación en nuestra ciudad; y a través de ella gloria para su nombre.  Asi sea.

No comments: