Tuesday, January 15, 2008

El desierto y la gracia...



01/15/08

 

El desierto y la gracia…

 

el pueblo que escapó de la espada, halló gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de reposo… (Jer 31:3)

 

A veces el desierto es la alternativa a la espada; a la muerte del pecado; una intencional o forzada elección buscando reposo; o el único lugar al que se puede escapar del enemigo que acecha poderoso con firme amenaza de muerte.

 

Otras veces el desierto es la consecuencia de nuestros propios pecados; la consecuencia de nuestra propia conducta y necedad que se empeña en desviarse del camino y someterse a una voluntad más alta.

 

Otras veces el desierto es solo un instrumento; es el lugar a donde el mismo Espíritu  de Dios nos guía intencionalmente, no por nuestra conducta o como consecuencia de nuestros actos; sino más bien como destino pasajero al que vamos solo para recibir aquello que Dios quiere darnos… humildad, autoridad, santidad, paciencia, instrucción…

 

Sea como sea… en el desierto es en el lugar donde hallamos la gracia de Dios.

 

En el desierto Dios nos habla al corazón como se describe en el libro de Oseas… es en el desierto resuenan sus palabras escritas en Jeremías… ‘con amor eterno te he amado, por tanto, te prolongué mi misericordia…’ palabras de amor y palabras de gracia de un Dios eterno que aún hoy es capaz de prolongarnos su amor y su perdón como diciéndonos que no todo esta perdido, que no es demasiado tarde… que El aún nos espera.  Sea cual fuere esa área que aún no podemos vencer; Dios aún tiene un plan.

 

En el desierto Dios siembra esperanza en el corazón con su promesa de edificarnos de nuevo, sí, aún nos ha de edificar, aún seremos adornados y danzaremos; aún plantaremos una viña y disfrutaremos de su fruto…

 

En el desierto Dios reúne aquello que El mismo dispersó… lo que fue separado, espantado y esparcido, es reagrupado y reunido en el desierto.

 

En el desierto Dios es el que guía, Dios es el único Pastor… pastorea a débiles y heridos; a ciegos y cojos, a recién nacidos y acabadas de dar a luz… El sabe pastorearnos con ternura y con amor… en el desierto aquel cuyo corazón fue quebrantado es pastoreado por Dios, es tratado con ternura… en el Desierto Dios hace fáciles los caminos difíciles.

 

En el desierto Dios purifica nuestra alma, la limpia de confusión y nos recuerda quién es la fuente verdadera de toda bendición… nos devuelvo la perspectiva clara, no adulterada ni corrompida por las cosas de este mundo o las mentiras de Satanás.  En el desierto recordamos que solo El puede satisfacernos con cosas buenas, que solo de El proviene toda satisfacción verdadera… En el desierto los deseos que se vuelven dioses caen y es el Dios verdadero el que satisface los deseos.  La verdad nos libera de confusión y Dios nos regala una bendición mas… la capacidad de disfrutar de esas bendiciones.  Esa capacidad viene solo de El y esta supeditada a entender que solo El es fuente de bendición – de El provienen todas – y fuente de satisfacción – El permite que nuestro corazón reciba y disfrute con libertad y en totalidad.

 

En el desierto es Dios el que seca las lágrimas de nuestros ojos, es Dios el que nos consuela y siembra esperanza verdadera; esperanza que no falla para nuestro porvenir… habrá salario para nuestro trabajo, porvenir para nuestra descendencia… aún hay planes de Dios para nuestra vida.

 

En el desierto finalmente Dios nos concede el regalo de su gracia: el arrepentimiento verdadero de nuestro corazón; el único que nos permite recibir el regalo máximo de su salvación… Jesucristo sacrificado por nuestros pecados.  Solo Dios nos puede llevar a ese lugar, al lugar donde el corazón finalmente es vencido y se somete totalmente en arrepentimiento; reconociendo por fin con claridad sus faltas… entonces, el Dios del cielo y la Tierra; el Dios del Universo dice… ‘mis entrañas se conmovieron por él, ciertamente tendré de él misericordia…’

 

(Recomendación:  Leer el capítulo 31 del libro de Jeremías de la Biblia)

Wednesday, January 9, 2008

Satisfacción:


Enero 9, 2008

“Mi alma quedará satisfecha

como de un suculento banquete,

y con labios jubilosos te alabará mi boca”

(Salmo 63:5)


La búsqueda de satisfacción es inherente en el hombre… el corazón del hombre busca ser satisfecho.  La búsqueda de satisfacción no es el problema del corazón humano; el problema se presenta cuando:

 

  • Esta búsqueda o la satisfacción en sí misma es mas importante que Dios.
  • Olvidamos que toda bendición y la satisfacción que produce en nuestras vidas provienen de Dios, así nos confundimos creyendo que son las bendiciones la fuente de satisfacción y no Dios.  Adoramos las bendiciones en lugar de Aquel que bendice.
  • No creemos totalmente que Dios es capaz de satisfacernos en todas las áreas, en todo el tiempo.

 

Reconocer claramente quien es el que satisface a través de sus bendiciones otorga al mismo tiempo la libertad necesaria para recibir y disfrutar de esas bendiciones sin culpas ni complejos.  Este es un digno objetivo para todo creyente en Jesucristo.

 

Aprender a reconocer a Dios como fuente de toda satisfacción puede implicar aprender a encontrar satisfacción en Dios aún cuando no hay bendiciones aparentes; puede implicar aprender a alabar a Dios en medio de la tormenta mientras sentimos esa paz que solo El puede producir en el corazón y descubrimos la satisfacción de su sola presencia... ¿quién puede arrebatar esa satisfacción?  Tal vez esa es la única forma de vencer mi adicción a las bendiciones, la que con frecuencia me engaña y me hace dependiente de ellas y no de Dios; la que me confunde y me roba la paz que el Príncipe de Paz me regaló a precio de su sangre.

 

De la multicultura a la reconciliación social:



DE LA MULTICULTURA A LA RECONCILIACION SOCIAL

 

El permanente intercambio cultural en la actualidad es asombroso.  El mundo esta ahora al alcance de la mano; desde la reservación para cenar en un restaurante de comida vietnamita hasta la decoración del salón al estilo contemporaneo persa disponible en una vitrina; pasando por el estudio de Yoga del barrio; saborando el café del día que es etíope y el shwarma para llevar dispensado por un libanés que chapurrea algo de español y recuerda el nombre de dos de los presidentes de la República del Ecuador.

 

No hace falta siquiera conectarse al internet para estar “conectado” con el mundo; la diversidad es ya característica indiscutible de las ciudades modernas.  En los hospitales hay doctores de todas las nacionalidades; es incluso un reto encotrar una enfermera que hable inlgés sin acento.  No es extraño que un asiático sea socio de un restaurante mexicano ni que sean los latinoamericanos los responsables de ponerle el sabor y la sazón a la comida típica china.  Este es el panorama de la ciudad moderna; se han vencido barreras del idioma y la cultura en pos de un un salario y una oportunidad de vida.  No importa ya por qué vinimos los immigrantes; el caso es que estamos aqui, venimos de todo el mundo y nada en lo aparente hace pensar que esta creciente diversidad vaya a disminuir.  No se trata de Hispanos o Asiáticos o Arabes; se trata del nuevo DNA de la ciudad misma en el que la suma de las minorías comienza a ser la mayoría.  Esta es la característica de la ciudad moderna; multicultural.

 

El caso es que detrás de esta aparente adaptación cultural que se refleja en la variedad de servicios multiculturales disponibles y el ‘conocimiento urbano’ de otras razas y tradiciones; subsisten profundas barreras sociales que no son invisibles. 

 

Barrios que se convierten en ghettos para miles de extranjeros que adaptan su pequeña ciudad dentro de la gran ciudad a la que acuden cada día a trabajar.  Es como trabajar en el extranjero; viajando cada día grandes distancas emocionales en una travesía de apenas decenas de millas.  Nos adaptamos - o mejor dicho nos acostumbramos por necesidad - pero el corazón sufre porque esta dividido; a veces se endurece, rechaza la verdad y el entendimiento nos es velado.  Las primeras generaciones de immigrantes luchan con todas sus fuerzas por alcanzar estabilidad financiera y la celebran con la esperanza de una vida mejor para sus hijos.  Pero los hijos crecen heredando en el corazón una barrera de división que ya no es el lenguaje como lo fue para sus padres - ahora es más profunda - es una barrera de identidad en el alma que lucha por entenderse a sí misma y encontrar su verdadero hogar.  Los padres se vuelven dependientes de sus hijos por causa del idioma; estan ausentes de su casa por la necesidad de ganarse la vida con uno o dos trabajos; son segregados y condenados en puestos carentes de oportunidad para estudiar o mejorar; son incomprendidos muchas veces por la sociedad local y no les queda más que abrirse camino duramente.  Las presiones los separan; los vicios los asechan; la familia se rompe.  Los hijos eventualmente pierden el respeto a sus padres invirtiendo los roles dados por Dios; rebelión, resentimiento, independencia, incomprensión...  No es extraño que miles de jóvenes busquen y confundan su identidad con la de una banda callejera en la que encuentran otros como ellos; otros que los entienden; otros que se convierten en lo más cercano a una familia para ellos.  ¿Cómo ayudarlos?

 

¿Y los nativos?  Conocen otras culturas solo superficialmente y lo desconocido naturalmente produce temor.  Ven sus barrios cambiar; la emoción inicial de ver lo que es diferente; de la música y de la comida pronto se transforma en desilusión cuando conocen el lado menos brillante de estos immigrantes que ya no son sus visitantes sino sus vecinos.  Estos más tarde o más temprano manifiestan la oscuridad de equipaje emocional que aún no han desempacado ganándose la crítica de los nativos para quienes no siempre es fácil adaptarse al cambio especialmente cuando nadie lo llamó; al fin y al cabo ¿no estarían todos mejor en su propio país?.  Eventualmente los nativos dejan sus barrios y se retiran formando a su vez otros ghettos, con otras reglas.  No es fácil llevar las cargas de otros... no es justo.  Los juicios son confusos y se producen los prejuicios o juicios previos que dictan el valor y comportamiento de una persona de acuerdo a su raza; de acuerdo a expreriencias a veces limitadas por la falta de conocimiento real.  La palabra protección aparece en lo íntimo del alma de los nativos; protejer su casa; protejer su manera de vivir; sus hijos; sus hijas; su riqueza.  Sienten que estan perdiendo el control de su propio país y preocupados se preguntan qué deben hacer.  ¿Cómo ayudarlos?

 

 

Asi vemos que después de lo aparente la multicultura no siempre trae unión sino más bien división.  El vivir en la misma ciudad no significa que estemos unidos; el trabajar juntos tampoco es sinónimo de unión; ambas partes tiene sus motivos, justas razones y deficiencias.  Pero sabemos que la voluntad de Dios es que haya unidad y aunque esto no significa que debamos hacerlo todo juntos sí implica que nos conozcamos; nos relacionemos y preocupemos los unos por los otros en el vínculo de paz, propósito y amor.  Sabemos finalmente que la busqueda de unidad es un proceso difícil, lleno de fricciones, retos y cambios.  Solo hace falta mirar el proceso que un hombre y una mujer deben recorrer hasta poder llamarse verdaderamente un matrimonio.

 

Por otro lado la proyección de esta dinámica multicultural se mira con preocupación.  De hecho existe ya una tercera cultura que aún nadie conoce con exactitud; es la cultura de la generación nacida bajo estas presiones; una generación que es culturalemente mestiza.  Si creemos en que Dios tiene un propósito para éste fenómeno en las grandes ciudades podemos también confiar en que tiene un propósito para esta generación y que El lo cumplirá en ella pero esto no anula nuestra responsabilidad como padres; responsabilidad que es muy seria ante Dios.  Los hijos serán el reflejo de las virtudes y deficiencias de sus padres; de su ejemplo y de su enseñanza.  La siguiente generación será la Iglesia del futuro y será sana en la medida en la que intencionalmente la ayudemos y procuremos tratar sus males con amor y verdad.   La medicina en este caso solo viene de Dios; pero se administra con nuestro ejemplo.  Sin ejemplo nuestros hijos reconocerán la contradicción entre lo que predicamos y lo que hacemos; la Iglesia para ellos no será un templo de Verdad sino de apariencias; heredarán nuestras barreras internas y posiblemente tendrán que enfrentarlas solos, aislados.

 

Es muy válido preguntarnos si éste fenomeno de la multicultura ha afectado a nuestra Iglesia local y a la Iglesia de nuestra ciudad.  Si no la ha afectado debería preocuparnos el hecho de que la Iglesia este desconectada de lo que definitivamente afecta a la ciudad.  ¿Cómo la Iglesia puede ser relevante en la ciudad si no siente su palpitar?   Por el contrario si la multicultura que Dios ha permitido sí ha afectado nuestra Iglesia deberíamos preguntarnos si ha traído crecimiento espiritual o división.  Solo un diagnóstico sincero y oportuno será bendecido con la verdad que es escencial para la vida verdadera.

 

¿Cuál debería ser entonces el papel de la Iglesia Cristiana ante el fenómeno de la multicultura? 

Seguramente no tan solo el de juzgarla tratando de establecer lo correcto y lo incorrecto; o tratando únicamente de sugerir la conducta adecuada en nativos e immigrantes mediante normas impuestas por mera autoridad.  No tan solo el tratar de influenciar poderes políticos para establecer leyes que obliguen a una mejor relación cultural; o tratando solo de establecer quien tiene la razón y quien no la tiene.  Nada de esto funciona por sí solo si no refleja un corazón inundado con el amor, la verdad y el verdadero poder de Dios. 

 

Tampoco le corresponde a la Iglesia actuar con apatía y solo contemplar el problema dejando que la solución llegue por sí sola; dejando la situación solamente en manos de las autoridades civiles sin la capacidad de enfrentarla a la luz de la Palabra de Dios.  Hemos sido llamados a ser sal y luz del mundo; hemos sido llamados a influir pero no ha hacerlo como el mundo lo hace sino como nuestro Señor nos lo mostró con su ejemplo cuando estuvo en la tierra. Con amor, servicio y verdad.  Con reconciliación y llamado a arrepentimiento tanto de las autoridades que emiten leyes asi como de las autoridades a las que les han sido encomendadas las almas... ¿por qué no?; las almas de los immigrantes que Dios ha permitido venir a la ciudad y las almas de los nativos a los que Dios les entregó esta tierra y en ella formaron sus hogares.

 

¿Cuál sería la prioridad de un pastor Hispano si Dios le encomendara una congregación Afro Americana?; ¿Y la de un Pastor Anglo si Dios lo pusiera sobre una congragación Hispana?... ¿Sería la prioridad la de cambiar a la congregación para que lo entiendan mejor a él y a su gente; o sería la de conocer a la congregación para cambiar su propio corazón (el del Pastor)?  Al fin y al cabo no se ama lo que no se conoce.  Creo que Dios intencionalemente ha entregado a cada pastor de esta ciudad una congregación culturalmente tan diversa como la ciudad misma.  Dios le preguntará qué tanto conoció a sus ovejas.


Creo que la Iglesia Cristiana tiene ante la multicultura una gran oportunidad; la de expresar el amor de Cristo.  Todo debería constituir una oportunidad para esta expresión entre quienes nos llamamos Iglesia; todo dolor; toda necesidad; todo reto; toda diferencia.  Este amor de Dios solo se puede expresar mediante el ministerio que El mismo nos ha entregado; el ministerio de la reconciliación; espiritual; racial, social; reconciliación a través de Cristo quien “...de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades... para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades”. (Efesios 2:14-16)

 

La reconciliación social debería ser la consecuencia del fenómeno de la multicultura.  Esta reconciliación social no se inicia en las leyes, ni en los demás; ni se inicia en la mayoría, ni en el más poderoso.  La reconciliación social se inicia en el corazón; en nuestro propio corazón y es un elemento fundamental para la obra del Espíritu de Dios en nosotros y su consecuencia en la transformación integral del hombre y de la comunidad.  Solo un hombre reconciliado es capaz de guiar a reconciliación.

 

Al igual que en nuestra salvación Dios actúa cuando somos capaces de venir ante El en oración con un corazón sincero que reconoce el propio pecado y el dolor recibido por el pecado de otros.  Dios nos recibe cuando acudimos a El un corazón arrepentido que busca la cruz para morir y ser transformados.  Dios honra un corazón que nombra a Jesucristo Señor y verdad sobre todas las cosas; las del mundo; las de la carne; las del pasado; las del presente y las del futuro; lo nombre Señor incluso sobre las confusiones de nuestra propia Iglesia.  A ese corazón Dios le concede perdón y le da la capacidad de perdonar a otros.  Ese intercambio de perdón producido en la cruz trae reconciliación social pues la identidad del hombre cambia y deja de estar arraigada a una tierra o un país para encontrar sus verdaderas raíces en el cielo y en un Reino que no es de este mundo.

 

Al igual que en nuestro camino de la fe; a este rendirse le sigue un proceso de conocimiento en el que el corazón ya no esta vendado por el pecado y la rebelión.  Este conocimiento debe ser intencional; cuesta tiempo; esfuerzo y acción... a veces dolor y desengaño.  Ojalá algún día podamos intentar conocer asi a nuestros vecinos; a nuestros hermanos y conciudadanos del cielo; a los santos de la Iglesia de Houston; a aquellos a quienes - junto a nosotros - estaría dirigida una Epístola si Cristo nos escribiera ahora... no a la Iglesia Hispana o Anglo o Asiática de nuestra ciudad; sino a la Iglesia – la única Iglesia – de nuestra ciudad.

 

Que Dios guíe a nuestros líderes espirituales a actuar como aquellos justos de los tiempos de la Biblia; con ejemplo y firmeza; con temor de Dios y públicamente.  ¿Qué pasaría si la Iglesia de una cultura pidiera pedón públicamente a la Iglesia de otra cultura?

 

Personalmente como hijo de Dios y como immigrante en este país y en este mundo por ahora me queda soñar y orar para que juntos y guiados por el Espíritu Santo seamos capaces de enfrentar nuestras diferencias.  Quizás un día seamos capaces de decir que Dios permitió la multicultura y a través de ella Cristo trajo reconciliación social; y a través de ella propósito; y a través de ella transformación en nuestra ciudad; y a través de ella gloria para su nombre.  Asi sea.

Latinos en USA - Reconciliación y Propósito


Enero 2007

LATINOS EN USA – RECONCILIACION Y PROPOSITO

 

Vacío.  El corazón que no tiene propósito para su vida esta vacío.  Un corazón vacío busca desesperadamente algo significativo que lo llene pues fuimos creados para ser significativos; para ser importantes para alguien; para algo.  El significado de la existencia de un ser humano viene cuando éste encuentra o determina su propósito. 

 

La sola idea de ser significativo, de tener un propósito en esta vida crea en el corazón esperanza; alimentada por esa esperanza la mente se transforma produciéndose la fe.  La fe verdadera produce decisión y esta a su vez produce acción; obras; fruto.  Fuimos creados para dar buen fruto, fruto que perdure.  El problema se sucita cuando el corazón es engañado y pone su esperanza en algo que es mentira; confunde entonces su propósito; oscurece el entendimiento de la mente causando decisiones erradas; acciones que producen frutos amargos; dolorosos; decepcionantes.  Entonces el corazón se endurece a la verdad y se pierde, vagando con heridas reales aunque a veces olvidadas; buscando propósito, preso en un círculo contínuo de decepciones.  Llega un momento en el que el corazón se convence de que la vida es asi; de que vive la realidad y entonces se conforma y se estanca... creado para ser significativo pero estancado en una vida mediocre.  ¿Es este el caso de miles de inmigrantes Latinos en USA?

 

La verdad libera pero para hacerlo debe primero entrar en el corazón; solo entonces reestablecerá la esperanza correcta para reconciliar el real propósito de la existencia.  La mente será renovada por la fe verdadera y producirá los frutos que no decepcionan y que agradan a Dios.  A veces el corazón esta tan duro que ni siquiera sabe que esta preso; aunque produce buenos frutos en un área los produce amargos en otra.  Es el caso del creyente que no puede vencer la ira o la depresión.  Solo Dios puede suavizar su corazón para que la verdad entre en él relacionándose de una manera única y personal con su pasado, presente y futuro.

 

Habiendo yo mismo nacido en Latinoamérica y viviendo ahora en los Estados Unidos me he preguntado varias veces cuál es mi propósito en este país.  ¿Estoy en donde debo estar; dentro de la voluntad de Dios o debo regresar a mi tierra?, ¿Tiene Dios un propósito para mi aqui o en mi país de origen?, ¿Vine  huyendo erróneamente de algo y buscando solamente mi propio beneficio?.  Aunque estas preguntas son menos relevantes para los creyentes que llegaron a USA obedeciendo un llamado del Señor; son sin duda muy profundas y reales para aquellos que encontramos aqui la salvación de nuestras almas; más aún para los miles de immigrantes indocumentados que no tienen documentos válidos en este país pero que aqui encontraron su pasaporte al Reino de los cielos y su verdadera y eterna nacionalidad.

 

Especialmente para estos últimos estas preguntas conllevan miedo, confusión y a veces ira, verguenza y resentimiento.  Increibles historias de justicia y de injusticia estan escritas entre las líneas de esta realidad social que no encuentra alivio a la tensión permanente que genera en nativos e immigrantes; documentados e indocumentados; beneficiados y perjudicados.

 

Pero existe una pregunta válida para todos; ¿Es una coincidencia que este fenómeno migratorio este sucediendo?  Si no cae un pajarillo sin que lo permita el Padre estamos seguros que Dios esta informado de lo que sucede y que en su infinito poder y sabiduría su Palabra declara que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Rom 8:28)  Poderosa promesa que no es exclusiva de nacionales ni lo es de extranjeros sino de todos hijos de Dios por igual.  Dios no desperdicia el dolor y el sufrimiento; solo El puede transformarlo todo en luz para su gloria.

 

Dos personajes de la Biblia también enfrentaron un dilema con la ley, la justicia y su propósito; estos fueron Absalón, hijo rebelde del rey David; y Onésimo, esclavo fugitivo de Filemón.  En ambos la gracia y la justicia de Dios estuvieron presentes aunque sus vidas tomaron distintos rumbos.  Ambos sufrieron; ambos tomaron la justicia por sus propias manos; ambos pecaron; ambos fueron perdonados pero solo uno de ellos demostró verdadero arrepentimiento siendo capaz de perdonar, reconciliando asi su propósito con la voluntad de Dios.

 

Absalón fue un jóven que jamás produjo verdaderos frutos de arrepentimiento y aunque fue perdonado no aprendió perdonar.  Cegado por el dolor causado a su amada hermana Tamar; mató a su hermano Ammon quien la había violado.  Posiblemente tampoco perdonó nunca a su padre David por no haber buscado castigo para el violador.  Los años que pasó en el exilio de Gesur endurecieron aún más su corazón en lugar de producir en él arrepentimiento.  Por gracia le fue concedido el beso de perdón de su padre y rey pero este perdón no se perfeccionó en reconciliación ya que solo el arrepentimiento verdadero suaviza el corazón y lo transforma.  Sumido en el orgullo y la oscuridad Absalón se rebeló completamente contra su padre y trató de arrebatarle el trono de Israel sumando pecado sobre pecado.  Finalmente murió habiendo fracasado.  Su propósito le fue arrebatado.

 

Onésimo sufrió esclavitud y también tomó la justicia por sus manos robando y huyendo de su amo.  Escondió su pecado en medio de la gran ciudad de Roma tratando de vivir en ella su falsa libertad ya que las cadenas aún las llevaba en el corazón.  No sabemos lo que usó el Señor para atraerlo a Jesucristo ni cuánto tiempo pasó o cuánto temor enfrentó su alma hasta que de la mano de su discipulador el apóstol Pablo, tomó una decisión tan valiente como insensata ante los ojos del mundo; decidió regresar a Colosas para enfrentar a su amo, pedirle perdón y reconciliarse con él.  Fue un acto que demostró el arrepentimiento de su corazón y aunque representó mucho riesgo; fue la manera en la que Onésimo entregó completamente su destino en manos del Señor.  No sabemos los pormenores  del encuentro pero es muy probable que Onésimo fuese años después el Obispo de la Iglesia de Efeso.  La reconciliación de este esclavo fugitivo con su pasado también lo reoncilió con su futuro; con su propósito en el Reino de Dios.

 

La diferencia entre estos dos hombres fue la reconciliación que se produjo en sus vidas; aquella que es verdadera y que requiere un corazón abierto y sensible a la verdad; capaz de reconocer sin justificativos el pecado y producir real fruto de arrepentimiento.  Un corazón capaz de perdonar; de pedir perdón y de recibirlo; es también capaz de realizar un viaje al pasado para enfrentar la impiedad en la presencia de Dios y hacer recto lo que estuvo torcido reconociendo sus motivos a la Luz de Cristo.  Ese viaje seguramente produjo temor e incomodidad en Onésimo pero la promesa de un Dios bueno y Todopoderoso que dispone todas las cosas para bien de los que lo aman (obedecen) seguramente generó esperanza en su corazón; fe en su mente y finalmente decisión.  La reconciliación es la perfección del perdón recibido por gracia en la cruz. 

 

También los Latinos immigrantes requerimos reconciliación; legales o ilegales; de primera, segunda o tercera generación; pues en muchos de los casos las razones que nos trajeron a este país estuvieron fundadas en una ruptura que conllevó necesidad, decepción, separación, obligación o dolor.  Solo la justa  y verdadera reconciliación del corazón con aquello de lo que nos separamos producirá en nosotros - como en el caso de Onésimo - una reconciliación con el propósito para el que fuimos llamados.  Un propósito que no tiene nada que ver con reinos terrenales sino con el Reino de los Cielos del cual somos ciudadanos.  Esta reconciliación es un viaje que aunque tal vez no se dé físicamente sin duda se debe iniciar espiritualmente; de rodillas; en oración.  Considero que en este viaje debemos buscar reconciliarnos con cinco aspectos de nuestra vida e identidad:

 

Con la justicia.  Venimos de cunas de rebeldía y corrupción.  Nuestros países sufren de este mal en todos sus estamentos; en todos sus niveles.  Pecamos nosotros; pecaron nuestros padres y los padres de nuestros padres; pecaron nustras autoridades; nuestros líderes y nuestros sacerdotes.  Como en el tiempo de Esdras necesitamos arrepentirnos para ser libres del estigma de rebeldía, injusticia e inconformidad que nos acecha.

 

Con nuestra raza.  Como fue expresado por un líder cristiano latino en una convención misionera, los hispanos somos en nuestra mayoría mestizos; existen en nuestras venas dos sangres en conflicto; dos identidades en batalla.  Nuestra parte indígena; pagana y oprimida clama redención y justicia por las generaciones de idolatría, de abuso y segregación.  Nuestra parte europea, conquistadora sufre el veneno de la corrupción, la avaricia y la culpa por atrocidades cometidas.  Ambos son nuestros padres; indígenas y europeos; ambos claman ser reconocidos y respetados como ancestros, origen y antepasados.   Solo la sangre de Cristo puede traer paz ayudandonos a aceptarlos, perdonarlos y honrarlos como establece uno de los mandamientos entregados a Moisés.

 

Con nuestra nación.  Fuimos expectadores de la pobreza e injusticia en nuestras naciones y por eso las criticamos, las juzgamos en nuestros corazones y emitimos juicios contra ellas y contra nuestras autoridades.  Esos juicios nos atan; oscurecen nuestro entendimiento y pueden volverse contrra nosotros en cualquier parte del mundo a la que vayamos.  Dios establece que asi como juzgamos seremos juzgados.  Dios requiere que intercedamos por nuestras autoridades, si juzgamos hemos de juzgar las acciones en justicia, los frutos; no a las personas pues a imagen de creador fueron creadas y El permitió su posición de autoridad.  Emitimos juicios también contra nuestras naciones vecinas hermanas reflejando la sombra de sangrientas y repetidas guerras.  Dios nos llamó a unión, armonía y perdón.  No existen en el cielo los reinos de Juda e Israel; existe un solo pueblo; un solo remanente; una sola nación.

 

Con la Iglesia.  Estuvo presente desde el descubrimiento de América y la historia muestra sus aciertos y sus errores; especialmente en la dura época de la esclavitud y el desamor de nuestros padres.  Pero la Iglesia sige siendo la novia de Cristo y cada una de sus imperfecciones es una ocasión para amarla como Dios nos ama con nuestras imperfecciones.  Más aún; de profundo origen Católico nuestras naciones recibireon la reforma de la fe y esto provocó una celosa y dolorosa batalla entre la Iglesia Católica y Evangélica.  Ninguna de las dos Iglesias fue a la cruz por nosotros; fue Cristo quien lo hizo y lo hizo tanto por aquellos que estan en la una como en la otra.  ¿Podremos reflejar amor en nuestras vidas conformándonos tan solo con señalar al Salvador y dejando que sea el Epíritu el que dé testimonio a aquellos que son los hijos de Dios?

 

Con nuestro propósito.  No se trata de lo que nosotros podemos hacer por Dios sino de lo que El quiere hacer a través de nosotros; pero estamos seguros que Dios usa vasijas limpias dispuestas a servir para la expansión del Reino de los Cielos en la Tierra.  Su Reino; no los nuestros; no nuestra comodidad y abundancia; no nuestra situación financiera y nuestra libertad terrenal.  No fuimos llamados a conquistar este país ni esta tierra para arrebatar la bendición de nuestros hermanos estadounidences; si hemos ser bendecidos será para ser bendición y ánimo para el Reino ya establecido asi como para el que se expande; aqui y en el mundo entero.  En la crisis de identidad de miles de Latinos en USA ¿no se escuchará el susurro de Dios hablando de evangelismo mundial; de misiones en países cerrados aún al Evangelio?  Ya somos un pueblo immigrante viviendo la tensión intercultural, racial y de idioma.  ¿No será este un propósito factible para miles de jóvenes creyentes hispanos llenos de pasión que buscan una visión real para sus vidas y para sus corazones divididos en medio de dos culturas?

 

Queda finalmente algo rondando en mi mente; mientras Absalón no tuvo a nadie junto a él capaz de ayudarlo a mirar la realidad en medio de su oscuridad; Onésimo contó con la ayuda de aquel que se llamó a si mismo ministro de la reconciliación; el apósto Pablo.  ¿Estamos los creyentes en USA siendo realmente ministros de la reconciliación?.  No solamente se trata de salvación pues por la gracia de Dios ya fue recibida para muchos; se trata de la transformación completa del ser humano y su reconciliación con el propósito que Dios estableció en su vida.  Solo asi la salvación para los que no la tienen seguirá extendiéndose como fuego.  Resuena en mi el eco de las últimas palabras de la carta de Santiago que nos exhortan a ayudar a los extraviados a volver a la verdad ya que asi salvaremos de la muerte un alma y cubriremos muchos pecados.

 

¿Seremos los latinos en USA como Onésimo o como Absalón?... no lo sé pero sé que hay algo en lo que jamás podemos equivocarnos: “...si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra”. (2 Cro 7:14)


India - La esperanza


INDIA 2006 – LA ESPERANZA

 

Un viaje sin una historia es como un río seco; aún peor; como miel que no endulza; como una flor de plástico... como la sonrisa de un maniquí. 

 

Una vida sin viajes es una vida incompleta; limitada. 

 

Fuimos llamados a ir; a recorrer un camino y a cumplir un propósito.  Hay viajes en los que se recorren distancias físicas; hay otros en los que las distancias que se acortan son espirituales; o mentales; en los viajes se destruyen prejuicios y se derriban barreras; se combate el temor y los corazones de las personas se acercan tanto que se reconocen mutuamente; se dan cuenta de que al final no son tan diferentes.  Creados en la misma imgen... a semejanza del mismo Dios.

 

Esta es una de las historias de un viaje; es el testimonio del poder de Dios y su Palabra; de su esperanza y su propósito.  Es el testimonio de Dios tomando en su mano dos corazones para juntarlos en un punto de su historia y engrandecerse a si mismo.  Uno de esos corazones fue el mío.

 

Pasé más de dos semanas en un pueblo costero al sur de la India donde decenas de miles de personas perdieron la vida años atrás durante el tristemente famoso Tsunami.  Estuve en companía de más de 30 médicos de diferentes partes de los Estados Unidos quienes con amor y en el nombre de Jesucristo ofrecían cuidados médicos a aquellos que posiblemente se cuentan entre los más pobres y olvidados de la tierra; los bienaventurados del sermón del Monte de los Olivos.  Yo no soy médico así que mi tarea fue la de hablar con los pacientes al final de sus varios diagnósticos con la ayuda de un intérprete; yo trataría de escuchar las historias de sus vidas, darles palabras de aliento y orar con ellos teniendo cuidado de respetar sus creencias y de no ofender su identidad.  Algunas veces me fué abierta la posibilidad de compartir con ellos el mensaje del Evangelio; otras veces solo fué aceptada mi oración suplicándole a Dios que obrase milagros que posteriormente abriesen esa puerta de salvación y paz para sus almas.

 

Una tarde se acercó a mi una mujer hindú en companía de su hija.  Tenía un porte elegante; alta y esbelta; era una mujer hermosa.  En otra vida podría haber sido la reina de una nación exótica y lejana; podía haber estado vestida de finas prendas y no de los humildes vestidos que ahora traía.  Su mirada profundamente triste reflejaba desconfianza y temor.  Se sentó frente a mí con timidez y aunque parecía saludable mis ojos inmediatamente captaron tremendas llagas que cubrían todo su cuello y se perdían entre sus ropas para volver a aparecer en sus brazos cuya piel parecía haber sido reinjertada en un proceso realizado sin mayor interés en la apariencia final de sus antebrazos.  “¿Qué pasó aquí?” preguntaba mi corazón aunque mi boca no se atrevía aún a hablar... la prudencia me invitaba a escuchar.

 

María (nombre con el cual me referiré a ella) se quejaba de dolores diversos en el cuerpo como la mayoría de mis “enfermos”.  La escuché pacientemente; le aseguré que en pocos momentos oraríamos por esos dolores... aunque mi espíritu seguía señalándome las llagas de su cuerpo decidí empezar por su corazón:

 

-        “¿Cómo esta tu corazón?, ¿tienes paz en tu vida?” le pregunté.

 

Para mi sorpresa después de la traducción de la pregunta por parte del intérprete María se derrumbó y empezó a llorar.  Digo para mi sopresa pues no fue común para mi ver lágrimas entre los que se acercaban por oración y consejo; y no se trataba de falta de sufrimiento; supongo que de tanto sufrir las lágrimas de muchos se secaron.  No las de María.

 

Con delicadeza y respeto tomé su mano mientras escuchaba la dolorosa historia de un marido sumido en el alcohol que obligaba a su familia a vivir en la miseria; situación que había sido agravada por la pérdida de todos sus bienes a causa del Tsunami; la preocupación del  futuro de su hija; la pobreza; la desesperanza... no tenía paz.  Escuchaba y miraba las llagas de sus brazos...  no pude contenerme más y pregunté a quemarropa:

 

-        “¿Qué pasó ahí?” mientras señalaba sus brazos.

 

El silencio me confirmó que había tocado una tecla muy profunda.  Mientras María hablaba yo veía transformarse el rostro de mi intérprete, estaba turbado, titubeó por un momento como buscando las palabras y empezó a hablar:

 

-        “Tiempo atrás María no pudo más con su sufrimiento así que tomó un recipiente con kerosen y lo derramó sobre si misma.  Ella misma se prendió fuego trantando de quitarse la vida.  No lo consiguió pues lograron salvar su vida.  Las llagas provienen de las graves quemaduras que sufrió”.

 

Mi corazón e congeló por un momento; esta vez ella me miraba a mi como pidiendo aliento... “Qué tienes tú que decir ahora” reclamaban sus ojos.  Pasaron 3 o 4 segundos que parecieron interminables.

 

-        “¿Has escuchado de Jesucristo?” Pregunté con sorpresiva calma; calma que no provenía de mí pero que me controlaba.

-        “No”, me respondió.

 

Mis palabras empezaron a fluir con la misma delicadeza que mis lágrimas; era como si una pequeña corriente de agua brotase cada vez más intensa y segura de las profundidades de mi alma.  Lloraba, acariciaba su mano y le compartía como años atrás yo mismo fuí preso del alcohol y como Cristo me liberó pues tenía poder para dar libertad a los hombres... le hablaba de como una noche cuando fuí conciente del vacío de mi vida le pedí a Cristo que terminara con ella pues se me habían agotado las ganas de seguir viviendo; le decía como Cristo tenía poder para devolvernos las ganas de vivir; la esperanza, un propósito... le hablaba mientras miraba en mi mente su vida y la mía en un extraño paralelo... veía en ella el sufrimiento de mi ex-esposa, veía en su hija la promesa de un futuro para la mía... en la cruz María y yo nos comprendíamos; éramos los mismos.

 

Le pregunté si quería saber más de Jesucristo.  Me escuchaba y asintió.  En debilidad y quebranto le decía que Dios era un Dios de amor y nos había creado a su imagen y semejanza con un buen propósito; le contaba como el ser humano había rechazado a Dios creando y adorando ídolos, pecando y trayendo para sí mismo y para este mundo dolor, sufrimiento, enfermedad y muerte... cuando le hablaba de Cristo muriendo en la cruz me interrumpió y me preguntó entre sollozos:

 

-        “Si lo sabes, dime quién es el Dios verdadero que quiero entregarle mi vida a El”

 

Me regocijé; le hablé de la resurección; de la necesidad del arrepentimiento y de la fe; María creyó, se arrepintió y rechazo los ídolos en su vida.  Juntos oramos mientras ella y su hija le abrían el corazón al Salvador del mundo. Llorabamos pero había gozo en nuestros corazones; nos abrazamos.  Ella sonreía; esta vez sus ojos tenían paz y esperanza; no podía ser de otra manera; son las promesas de nuestro Señor.

 

Serás en la mano del Señor

como una corona esplendorosa,

¡como una diadema real en la palma de tu Dios!

Ya no te llamarán «Abandonada»,

ni a tu tierra la llamarán «Desolada»,

sino que serás llamada «Mi deleite»;

tu tierra se llamará «Mi esposa»;

porque el Señor se deleitará en ti,

y tu tierra tendrá esposo.

(Isa 62:3-4)

 

Lo mejor de esta historia es que aún no ha terminado.  Así son las buenas historias.  María y yo tenemos aún una vida por delante para la gloria de Dios; una vida para declarar sus obras, sus testimonios y su esperanza.  Y un día estaremos juntos una vez más; nos reconoceremos y juntos alabaremos a Dios en el cielo... esta vez no habrán llagas ni sufrimientos; esta vez habrán gozo y cuerpos nuevos; María estará hermosa y resplandeciente... esta vez nos acompañarán las generaciones que de María y de mí Dios habrá conquistado para su gloria.


India - Los obreros



INDIA 2006 – LOS OBREROS

 

La admiración es como una navaja de dos filos; útil y peligrosa al mismo tiempo.  Como todas las cosas no es mala en sí misma; el problema se presenta cuando aquello que admiramos recibe tanta importancia de nuestra parte que se convierte en una obsesión; una influencia tan fuerte que confunde nuestras prioridades y en lugar de reflejar ante nuestros ojos la grandeza y multiforme sabiduría de Dios; es más bien la corriente que nos aleja de El. 

 

Hay hombres y mujeres dignos de admiración; las historias de sus vidas, de cómo las viven o las vivieron son dignas de admiración; sus hazañas; sus logros, el sufrimiento que enfrentaron para alcanzar dignos objetivos son dignos también de admiración.  Muchos personajes admirados reciben el título de “ídolos”; otros se convierten en nuestra inspiración para mejorar o perseverar en la conquista de nuestros propios sueños y deseos.  El caso es que todos ellos comparten con nosotros las debilidades y fortalezas inherentes y comunes de los seres humanos pero en algún momento de sus vidas - en medio de una búsqueda conciente o inconciente; intencional o inesperada - todos ellos consideraron la visión de un propósito y elijieron adquirir ese propósito para sus vidas aún a costa de sacrificio personal y de duro trabajo.  Ahí radica la diferencia; en una visión que se transforma en una elección para convertirse finalmente en una acción intencional concreta.  Todo esfuerzo genera recompensa.

 

Hace poco un grupo de hombres fue añadido a mi lista; después de haber tenido la oportuidad de convivir pocas semanas con ellos en los dos últimos años en la India; depués de haberlos conocido mejor y haber escuchado las historias de sus vidas  tengo que admitir que son parte de un grupo especial, forjados y preparados con fuego para una labor especial: expander el Reino de Dios en la India.  Esta es una de las historias de sus vidas:

 

El padre de Dan era un sacerdote Hindú dominado por el odio y la violencia.  Había asesinado a tres hombres y estaba siendo investigado por la justicia.  Un día su hermano le anunció que había aceptado el cristianismo en su corazón después de hablar con un Pastor quien le explicó del Evangelio y lo guió en oración.  El padre de Dan hervía de ira y decidió asesinar al Pastor; hizo sus planes y se enfrentó al Pastor para quitarle la vida pero al momento de querer sacar su cuchillo para cometer el crimen su brazo quedó paralizado.  El padre de Dan no podía salir de su asombro al reconocer que el “Dios” del Pastor era poderoso.  Sin otra opción para recuperar el movimiento de su brazo le pidió al pastor que lo perdonara y que orara por él.  Los hombres oraron juntos y el movimiento del brazo fue restablecido; aunque el padre de Dan no recibió al Cristo en su corazón, dejo su persecusión contra el Pastor y los cristianos.

 

Poco después las cosas se pusieron más difíciles ya que la policía lo seguía de cerca y el hombre se vió obligado a huir para eventualmente aclarar sus asuntos con la ley.  Lo increible es que fue durante su huída cuando finalmente sometió su corazón a Cristo en una ciudad lejana; lo hizo nada más y nada menos que en casa del hermano del mismo Pastor a quien había tratado de asesinar tiempo atrás.  Esta historia influyó a toda su familia aunque aún se resistían a creer y aceptar a Cristo como Dios en sus vidas.

 

Tiempo después Dan cayó enfermo teniendo apenas 10 años de edad.  Fue al borde de la muerte de su hijo finalmente cuando su madre cedió y ofreció su vida y la de su hijo a Dios si lo curaba.  Dios volvió a actuar; el niño sanó y creció consagrado para servir a Dios. 

 

Dan sabía que debería enfrentar y aceptar o rechazar personalmente el destino que le había marcado y no le fue un camino fácil, el miedo y la rebeldía lo alejaron varias veces del ministerio; cada vez que estaba lejos experimentaba sufrimiento y desilusión; prometía regresar y las cosas mejoraban pero una vez más el miedo a la dificultad de una vida dedicada a servir a Dios lo volvían a desviar.  Finalmente cedió y se inscribió como voluntario en una importante organización misionera de la India dispuesto a enfrentar el dolor y la dificultad del ministerio.  Aunque la dificultad y el dolor son una realidad de la vida y no solo del ministerio; Dan también experimentó algo que no esperaba cuando empezó como voluntario; Dios de manera gentil y completa llenó su corazón de gozo y satisfacción; algo que no había experimentado antes; que no conocía... como él mismo dice  “he descubierto la satisfacción que proviene de Dios y vive en el corazón a pesar de las circunstancias...”

 

Estoy seguro que esa satisfacción esta ligada con el propósito que Dios prepraró y la elección que Dan enfrentó.  Y es que hablar de satisfacción es relevante; especialmente teniendo en cuenta el entrenamiento al cual estos voluntarios - hombres y mujeres - se someten para servir a Dios y a sus compatriotas. 

 

Durante un año entran a formar parte de un equipo itinerante de evangelismo; divididos por su género estos equipos inician su recorrido cubriendo poblados y áreas rurales; avanzando cada vez para cubrir mayores extensiones de territorio.  Existen tres tipos de equipos; en camión, en bicicleta y a pié.

 

Cada equipo se maneja independientemente y le es asignado un líder dentro de sus mismos miembros; quienes son a la vez totalmente interdependientes entre sí.  La disciplina es requerida.  El día empieza muy temprano; a las 5:30 AM con media hora de ejercicio físico seguida de tiempo personal de estudio de la Biblia; a continuación el equipo ora en conjunto y cada uno sale a evangelizar en plena dependencia de Dios.  El equipo se reune pasado el medio día para compartir el alimento (uno de ellos ha sido asignado rotativamente para cocinar).  Después de comer y de un pequeño tiempo de descanso todos estudian juntos la Palabra de Dios y se preparan para realizar visitas en la tarde hasta entrada la noche.

 

Las visitas son un elemento muy importante de la misión ya que en la mayoría de los casos las puertas estan cerradas para oir de este Jesucristo que atenta contra miles de años de tradición religiosa.  De esta manera el “evangelismo” de las mañanas busca más bien crear relaciones con las personas e identificar sus necesidades... en las casas existen muchas veces enfermos y problemas concretos; y es probable que esos sean los instrumentos que Dios use para ganar la atención de aquellos que no lo conocen.  Los evangelistas identifican estos problemas y eventualmente - a veces a la segunda o tercera visita a la misma casa - son aceptadas sus oraciones por sanidad e intervención divina; esa es la tarea de la mañana.  En la tarde por el contrario - después de orar en grupo por todas las casas y sus problemas - el equipo realiza visitas a aquellos por los cuales ya se oró específicamente días anteriores; en estas visitas se constatan milagros y sanidades que abren las puertas a presentar el mensaje del Evangelio a las familias.  Asi, poco a poco y con esfuerzo, estos voluntarios van expandiendo el mensaje de la Cruz en India.

 

No faltan las persecusiones; no faltan los extremistas Hindús que a veces golpean fuertemente a los voluntarios para detenerlos su misión; no faltan los problemas ni el desánimo ni el miedo; no falta el hambre algunos días.  Aunque la organización misionera de alguna manera provée a los voluntarios un refugio donde dormir (el equipo que va en camión a veces duerme en el camión); no les proporcionan dinero para alimentos sino libros y folletos cristianos para adultos y para niños.  La misión de cada miembro del grupo es vender estos materiales; si se han vendido entonces hay dinero para comprar comida; si no se han vendido no hay dinero y el grupo entero va a descansar con el estómago vacío.  Unos venden; otros no; otros intercambian los libros por alimentos... todo va a un fondo común; si no es suficiente para todos entonces todos sufren. Constituyen un equipo en todo el sentido de la palabra y durante un año dependen de Dios como pocos... ¿Qué hace que un hombre elija este propósito sino es el llamado de Dios?


Después de estas cosas, designó el Señor también

a otros setenta, a quienes envió de dos en dos

delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.

 Y les decía: La mies a la verdad es mucha,

mas los obreros pocos; por tanto, rogad

al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.

Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.

No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado...

 En cualquier casa donde entréis, primeramente decid:

Paz sea a esta casa... y sanad a los enfermos que en ella haya,

y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.

(Lucas 10:1-9)


La instrucción de voluntarios se completa con meses de estudios básicos en centros de capacitación e incluso con la oportunidad de graduarse como estudiantes de una preparatoria universitaria y una universidad especializada en estudios Bíblicos.  Sin duda estos hombres y mujeres son forjados a fuego para una misión muy especial; una misión en la que diariamente deben renovar su compromiso con Dios y su contentamiento ante las dificultades.  Gran sabiduría para enforcar el ministerio asi como para enfocar todas las demás áreas de la vida.

India - La misión


INDIA 2006 – LA MISION

 

Hace tiempo durante una conversación acerca de misiones y proyectos un buen amigo me dijo que un verdadero ministerio nace donde hay una verdadera necesidad; aunque en ese momento compartí su afirmación, mi criterio al respecto ha ido modificandose desde entonces.  Es verdad; un ministerio nace donde existe una verdadera necesidad pero es una verdad incompleta; un ministerio nace donde existe una verdadera pasión por satisfacer una verdadera necesidad en el nombre de Cristo de acuerdo a una específica visión que nos otorga Dios.  Esto es  también correcto desde el punto de que Dios produce en nosotros el querer y el hacer para cumplir su voluntad.

 

El caso es que hay un sinnúmero de necesidades actualmente en el mundo; en todos los aspectos y esferas de la vida existe alguna nación; pueblo; grupo de personas; vecino, familiar  o amigo que necesita verdadera ayuda para poder satisfacer legítimas necesidades.  Considerando que cada necesidad insatisfecha es una oportunidad para demostrar amor y una puerta para el mensaje de Cristo; la pregunta es si existe la misma pasión por satisfacerlas.  Donde necesidad y pasión se junten existe un ministerio digno de ser apoyado... pero ¿cómo medir la pasión de un compromiso?  La respuesta a esta pregunta la conservo aún intacta como la recibí; a través de ella aprendí que hay hombres que estan dispuestos a invertir su tiempo en algo; hay otros que estan dispuestos a invertir sus recursos en algo; pero hay solo unos pocos que estan dispuestos a invertir sus vidas en algo.  Si buscas verdadera pasión busca hombres dispuestos a invertir sus vidas por satisfacer necesidades de otros en el nombre de Jesucristo.  Finalmente queda saber si existe una visión específica bendecida por Dios; es aqui donde se juntan los recursos, esfuerzos e intelectos para canalizar la pasiones en la dirección de las necesidades.  Las necesidades son el ¿Dónde?; la pasión marca los ¿Quienes?; la visión es el ¿Cómo? y el ¿Cuándo? es ahora.

 

Esto es lo que yo encontré en India; las verdaderas necesidades de cerca de 200 millones de personas llamadas Dalits; y la pasión de cientos de hombres y mujeres dispuestos a invertir sus vidas hasta las últimas consecuencias por satisfacer las necesidades de los Dalits y de esa manera poder compartirles el Evangelio de Cristo.  La visión existe y crece; parte de su fruto fue mi propio viaje a la India.  Es sin duda una misión digna de apoyar.  Dios la apoya.  Yo también quiero apoyarla y todas estas palabras tienen ese propósito; esta es la historia de una misión:

 

Antes de hablar de los Dalits es importante hablar brevemente de la historia de la India; la historia de un gran pueblo que enfrentó muchas conquistas y muchos conquistadores; en consecuencia recibió la influencia de muchas culturas que formaron finalmente su identidad única.  En todas estas conquista existió un denominador común que fue el deseo de mantener puras y separadas a las razas.  Desde los mitos en su origen antropológico según los cuales a los cinco grupos de hombres habitantes en las monañas, los bosques, los campos cultivables, las costas y las tierras secas les fueron entregadas las actividades propias de subsistencia según fueron la caza, la cría de animales, la agricultura, la pesca y la guerra respectivamente; hasta las creencias religiosas según las cuales los seres humanos fueron creados de distintas partes del cuerpo del dios Brahma según fueron su cabeza, sus hombros, su estomago y sus pies; vemos la constante creencia de que los hombres no estan creados de la misma materia; por lo tanto no deben mezclarse ya que sus funciones son distintas; establecidas desde la creación.  Asi se formaron las castas; para mantener la pureza de las razas.  Es paradójico que las castas fueran instituidas por los arios al conquistar el norte de India y que la tristemente famosa “swastica” - popular e inofensiva en la India - haya sido utilizada en la Alemania Nazi como símbolo de la superioridad de una raza sobre otras.

 

Los Dalits son las víctimas más oprimidas del sistema de castas de la India ya que ni siquiera estan considerados dentro de las mismas; los Dalits son los “sin casta” o llamados también “intocables” pues que el solo contacto con su sombra contamina al hombre de castas superiores ya que no fueron creados del cuerpo del dios Brahma.   Los Dalits son condenados a hacer los trabajos más contaminados de la sociedad; les es prohibida la entrada a los templos y el derecho a sacar agua de las fuentes; sufren segregación en las escuelas y aunque de alguna manera obtengan éxito y dinero serán siempre discriminados en las tareas más comnunes como son reservar habitaciones en los hoteles u obtener tratos equitativo en las transacciones más sencillas y cotidianas.  Un Dalit esta obligado a casarse con otro Dalit y sus hijos serán también Dalits por generaciones.  Como sucede usualmente con las clases más oprimidas, los Dalits son además lo menos preparados académicamente y los más pobres de la sociedad; millones de ellos viven en la ignorancia y la desesperación; condenados, sin esperanza.

 

Tiempo atrás los líderes de los “intocables” empezaron a considerar la posibilidad de guiar a sus seguidores a renunciar al Hinduísmo conscientes de la necesidad apremiante de un cambio.  El Budismo fue la primera religión que abrió sus puertas a los Dalits y miles se convirtieron buscando una alternativa; pero sus conversiones buscaban algo mas que una alternativa religiosa; los Dalits buscaban libertad, un nuevo comienzo; una nueva vida y estas se reciben primera y escencialmente en el corazon a través de una transformación; de un nuevo nacimiento; de un nuevo ser interior... solo se consiguen a través de fe en Jesucristo y por el poder del Espíritu que nos hace libres y completos para la gloria de Dios.

 

Esta es hoy la necesidad y la batalla; una batalla espiritual que se pelea también en el campo social y físico; en el campo de las necesidades fundamentales del ser humano.  ¿Cómo compartir del amor de Dios cuando el hambre cierra el oído?; ¿No es el hambre una oportunidad para primero dar de comer y luego decir quien fue el Señor que nos envió y cuál es Su mensaje al que esta habriento?; ¿No es el amor que se predica primero con acciones antes que con palabras el que abre el oído y el corazón?... es ahi donde debemos construir puentes y orar por que la transformación llegue no solo al corazón sino a la mesa, a la vivienda, a la educación y al futuro de las próximas generaciones.  Esa es la visión de esta misión; no ser solo la oración para la salvación sino también para su testimonio después de la salvación; aún más ser el intrumento que Dios use para responder esa oración.  Un gran Pastor decía “no ores una oración en la que no estés dispuesto a ser el instrumento que Dios utiliza para responderla”

 

A través de Dalit Freedom Network se conectan los recursos (inlcuidos los apasionados siervos de Dios en la India) con las necesidades específicas de los Dalits.  Es un ministerio que abarca varios ámbitos como son las escuelas primarias donde los niños Dalits reciben educación en inglés (lo que les abre puertas en el futuro) con el amor inspirado por Cristo; crecen sabiendo fueron creados iguales que los demás.  Fue ahi donde conocí el año pasado a Daniel quien en su rostro tiene el testimonio de las terribles quemaduras que sufrió a temprana edad.  El año pasado Daniel solamente lloraba y miraba al suelo... seguramente estas eran cicatrices en el corazón.  Este año algo había cambiado; esta vez me miraba a los ojos y sonreía inquieto y travieso... como un niño de su edad.  Le doy gracias a Dios por Daniel y por la escuela que seguramente tuvo que ver en su transformación.

 

Otro ámbito de ministerio de Dalit Freedom Network son las mujeres.  Oprimidas culturalmente en India son consideradas sin valor si son Dalits.  Representan una deuda desde su nacimiento debido al llamado “Sati” o dote que debe pagar su familia por su boda.  El sati ha provocado muchos suicidios y miles de abortos.  Estan también las prostitutas de los templos; vendidas o entregadas desde niñas a este destino y su vida desde su pubertad es usada; su belleza y respeto se consumen para servir como prostitutas hasta los 30 años cuando estan acabadas y son entregadas a labores físicas por el resto de sus días.  Los hijos que les nacen les son despojados a temprana edad en manos de organizaciones de mendigos... No, no se trata de la India; no se trata de un país pues hay dolor, oscuridad y terrible injusticia en todas partes del mundo; estoy seguro que cada país tiene historias como esta.  No se trata de India; se trata de ser parte de la diferencia; de combatir el mal con el bien.

 

Dalit Freedom Network trabaja para establecer “plataformas” sociales a través de escuelas en las villas Dalits.  Cada plataforma busca atender necesidades en cinco áreas como son la educación para los niños; la educación y apoyo financiero para adultos mediante oficios y préstamos; la justicia social; la salud mediante campamentos médicos con profesionales locales o internacionales; y el aspecto espiritual.  Es una gran visión.

 

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará

si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras?

¿Podrá la fe salvarle?

 Y si un hermano o una hermana están desnudos,

y tienen necesidad del mantenimiento de cada día,

y alguno de vosotros les dice: Id en paz,

calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas

que son necesarias para el cuerpo,

 ¿de qué aprovecha? 

Así también la fe, si no tiene obras,

es muerta en sí misma.

(Santiago 2:14-17)


Una amiga me decía: “me da gusto al menos poder escuchar tus historias acerca de la India..”  mi corazón se entristeció y le respondí “¿por qué te conformas tan solo con escucharlas?; ¿por qué no le pides a Dios que las escriba a través de tu vida?... estoy seguro que quiere hacerlo”.  Juntos oramos.  ¿Orarías tú por lo mismo?