Saturday, July 5, 2008
Fidelidad..
Dios ‘habla palabra para destruir’ pero también lo hace para edificar. Cuando es el momento de la destrucción lo que se destruye es nuestro propio pecado, nuestra desobediencia… a veces cosas buenas se destruyen como consecuencia de nuestra necedad. Mis cuatro enemigos son los destruidos mediante la disciplina de Dios: orgullo, temor, carne e idolatría. De uno de esos cuatro nacen mis pecados, por uno de esos cuatro se produce la caída. El abono de estas raíces de dolor en mi vida es mi propio corazón centrado en sí mismo en lugar de en el Dios del universo. La fidelidad de Dios en la destrucción se refleja también en las mil ocasiones “desde temprano y sin cesar” en las que Dios llamó mi atención para dejar el mal y obedecer; para rendir mi corazón; para arrepentirme y dejar las sendas del mal. Dios es fiel en su Palabra, en su llamado a santidad, en su advertencia.
Aun en la disciplina mas severa, en el castigo mas doloroso, encuentro la fidelidad de Dios, la fidelidad de su amor. En medio del llanto y del dolor en mi corazón resuena su palabra y testimonio del amor eterno con el que me amó. Puedo sentir su corazón adolorido… como el de un padre que ama a su hijo, y precisamente por ese amor debe castigarlo. En ese castigo el dolor también es profundo en el padre.
La fidelidad de Dios también es presente en el momento de la tragedia, de la oscuridad. Aun cuando caen mil a mi derecha y diez mil a mi izquierda, si Dios me ha prometido protección, esta nunca faltará. Dios cumple su promesa y aunque el mundo se destruya a mi alrededor, mi Salvador esta presente y en su mano esta mi vida y mi destino.
Lo que Dios promete lo cumple.
He meditado en los siervos de Dios, en aquellos que vivieron esta fidelidad todas sus vidas, y murieron como mártires derramando su sangre como el mas alto testimonio del reflejo de la fidelidad de Dios. ¿Temieron? ¿Dudaron? ¿Se sintieron defraudados o deseaban ya ir a la presencia de Aquel que lo era todo para ellos? No sabré estas respuestas pronto, pero una idea nació en mi corazón… sea cual fuera la circunstancia, estos siervos vencieron a la muerte en las peores de sus formas… exactamente como el Cristo lo hizo. Si, probablemente sabían en sus espíritus que había llegado el momento de entregar su sangre, posiblemente Dios había consolado y fortalecido sus corazones en el secreto de su intimidad con ellos, exactamente como lo hizo con Jesucristo. Posiblemente enfrentaron esas hachas, lazos, fuegos, sierras y cruces sostenidos por la fidelidad de Dios. Posiblemente vencieron a la muerte como Cristo lo hizo, sustentados y fortalecidos por la misma promesa del Padre, que en su infinito amor y poder, es fiel para cumplir sus promesas. ¿Es este el testimonio de la fidelidad de Dios ante la muerte?
Señor, gracias por tu fidelidad.
Monday, May 26, 2008
El amor...

Señor, envía tu luz y tu verdad, ellas me guiarán a tu Santo Lugar, a tu morada.
Necesito estar en tu presencia OH Dios mío, Salvador mío. En ti habitan toda la sabiduría y el poder… todo el amor y la pureza. Te agradan la rectitud y el corazón íntegro Señor. Tu creaste todo cuanto existe, todo cuanto es, ha sido y será. Tu estableciste e universo y su crecimiento; tu sostienes las estrellas, las galaxias, los astros y los planetas… por tu poder viajan las estrellas. Con tu sabiduría creaste los cielos y la tierra, por tu poder estableciste los fundamentos de este mundo. Te necesito Señor… cada día de mi vida te necesito. Necesito tu guía Santo Señor… necesito tu dirección.
Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.
(Fil 1:9-11)
El amor ha de abundar, ha de crecer, ha de madurar. Ha de crecer en ciencia y en conocimiento; ha se aprender a usar la cabeza y a poner a prueba los sentimientos. Hemos de aprender a amar bien, no solamente a amar mucho, sino mucho y bien. Con la verdad y con honestidad, con inteligencia. Amando de verdad y no solamente con emociones fútiles y pasajeras.
El amor debe crecer… en ciencia. Debe aprender a conocer la Palabra de Dios. Aprender las reglas de juego. Aprender que es lo bueno y lo malo… que es lo que dice Aquel que es Amor; de quien todo el amor nace, quien es la fuente de todo amor. La Palabra de Dios es el marco de esa ciencia… es el eco permanente de su eterna voz… es la imagen de su sabiduría que reconocemos en ese dibujo infinito que es incomprensible para el hombre, pero que es sendero conocido para el Espíritu de Dios que nos guía a conocerlo y a andar por él. Crecer en ciencia es crecer en el conocimiento de la palabra de Dios. Lo que Dios llama bueno y malo, lo que Dios aprueba, lo que Dios señala… lo que Dios advierte, lo que Dios condena. Ciencia…
El amor ha de crecer también en conocimiento. Buen juicio, discernimiento… aplicación de la ciencia. El amor ha de tener ojos y oídos para ver, para reconocer, para entender aquello que esta delante de él. Ha de ser capaz de comprender y reconocer aquello que significa amor ha cada momento. Solo así podrá el amor escoger aquello que es mejor. El amor ha de poner a prueba… ‘la prueba del sol’, todo aquello que toca. Todo aquello que se quiere llamarse amor pero posiblemente es solo un reflejo opaco, gastado, confuso y engañador de algo hermoso que todos buscamos (pues de El provenimos) pero a veces confundimos, dando paso en esta confusión a que aquel que vino a robar, matar y destruir; destruya aquello que Dios en su infinita misericordia nos quiso regalar.
Solo así el amor ha de reconocer aquello que es mejor. Aquello que es excelente, aquello que ha de ser semilla para dar fruto eterno, fruto para la gloria de Dios – y por ello – fruto de paz y gozo a nuestra vida.
¿Estoy Señor amando con vanas emociones?
Envía Señor tu luz y tu verdad… ellas me guiarán.
Monday, May 5, 2008
Pasión...
Una de las oraciones mas hermosas que he escuchado – una con la cual me identifico – es la que oró Jim Elliot en su partida hacia Ecuador como misionero. Tres ideas permanecen en mi alma:
· La satisfacción de un hombre lleno de Dios, de un hombre capaz de disfrutar a Dios, capaz de disfrutar completamente la voluntad de Dios para su vida. Jim Elliot la buscó sin temor y se rindió a su Salvador. Cruzó esa invisible – y a veces imposible – barrera que separa al hombre que ama a Dios y desea rendirse totalmente a El, del hombre que lo hace. Uno es el hombre que es conciente del llamado de Dios pero sufre una lucha en su corazón que no rinde todo aquello que le parece preciado… no es capaz de rendir sus deseos y sus sueños al Dios del Universo, y sufre afligido por la incapacidad e inmovilidad del miedo a perder lo mas preciado. El otro es el hombre que es llevado en los brazos del Espíritu Santo sobre esa barrera y – por la obra y la gracia de Dios – es capaz de rendir su corazón, sus deseos y sus sueños totalmente a la voluntad de un Dios que lo transforma, que ha cambiado tanto su corazón que ahora habla a través de él. Este segundo hombre confía en que Dios le habla a través de su corazón y se goza en los deseos de su corazón… solo es válido después de la rendición, después de claudicar y en ello perder su vida por causa de Cristo y del Evangelio. El corazón que una vez fue traicionero es ahora instrumento de Dios. Cuanto gozo! Cuanta envidia! Eso deseo pero siento que no puedo… ¿Enviarás tu mano oh Dios mío a sacarme de este hoyo y salvarme?
· La segunda idea es una proyección de la primera. Jim Elliot dice algo así como “porque Cristo dijo ‘no te dejaré ni te abandonaré…’, yo puedo decir con coraje ‘no temeré’”. Yo quiero decir también con coraje que no temeré, pero a veces me enfrento con mi profunda debilidad y el temor me invade… Ansío y busco la misteriosa y maravillosa obra de tu Espíritu Señor, que revela dentro de mi corazón la profunda firmeza, verdad y fidelidad de tu palabra y de tus promesas; y crea una torre firme dentro de mí, no construida por sabiduría de hombre sino por verdad divina; y me hace decir ‘yo tampoco temeré’… porque Tú has prometido no dejarme… no temeré. Obra en mí Señor Jesús… obra en mi que quiero pero no puedo… deseo y ansío pero se doblan mis huesos… en ti espero, en ti confío…
· La tercera idea es como una espada… “no quiero una vida larga… quiero una vida completa… como Tú Señor Jesús..” ¿De que le sirve al hombre una vida larga y llena de comodidades y satisfacciones si en ella no se ha completado la voluntad divina? ¿ si en ella no se ha conocido totalmente a Cristo? ¿Si en ella la integridad que Dios requiere no se ha completado?. El apóstol Pablo habla de conocer a Cristo íntimamente, renunciando a todo aquello que fue de valor para él… habla de participar en sus sufrimientos, su muerte y su resurrección… ¿es ese el reflejo de una vida completa? No una vida a medias Señor… no una vida conociéndote un poco… no una vida mas o menos auténtica… no una vida más o menos íntegra… digo y pido – haciendo mía esta oración, pues la originó el mismo Espíritu que dentro de mí vive – no una vida larga Señor… una vida plena y completa en Ti… como tú Señor Jesús… aunque al igual que en tu vida y la de Jim Elliot, mi sangre sea derramada al final para tu gloria… una vida completa para ti Señor Jesús es lo que te pido.
Thursday, March 6, 2008
Quién eres?
Le dijeron: ¿Pues quién eres? Para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? (Juan 1:22)
¿Qué tan importante es conocer quién eres? ¿Qué tan fácil es responder esta pregunta? ¿Cuál es la perspectiva correcta?
No es fácil responder, en cuanto empezamos a hacerlo, nos damos cuenta que aquello que usamos para definirnos es finito, pasajero, temporal… nuestra raza, nuestro género, nuestra profesión, nuestra ciudadanía, nuestros logros o fracasos; fortalezas o debilidades; planes, deseos, sueños… ¿es realmente eso lo que nos define, o solo lo que llena nuestra vida?
En el lado espiritual, por fe decimos que somos hijos de Dios por medio de Cristo y esto empieza a definirnos un poco más, es una identidad que va mucho más allá de lo que pensamos, una identidad que debemos explorar… como cuando un niño descubre que es parte de una familia, que tiene unos padres y hermanos que, aunque no lo definen, le dan un contexto. Entonces, mientras crece, se va descubriendo a sí mismo, internalizando e individualizando aquello que ve y siente de sí mismo y de los demás.
Pero en la pregunta ¿quién eres? Hay algo aún más profundo. Algo que clama por una explicación individual para trascender de la familia a la identidad personal a través de la cual me será posible identificarme, reconocerme, aceptarme, amarme y comprenderme… me atrevo a decir que es esta identificación la que traerá paz y satisfacción al alma que se busca y no se encuentra. Paz porque la búsqueda termina, es como llegar a casa; satisfacción porque solo entonces podré entender mi verdadero propósito en este mundo, y solo al caminar en él encontraré satisfacción.
Me atrevo a decir que somos mucho más que el producto de la coincidencia, que nuestra existencia no se debe al azar y somos más que solo un número de entre los más de 6 billones de habitantes del planeta… de los miles de billones de seres que han nacido en este mundo… seguramente preguntándose la misma pregunta.
La respuesta de quienes somos no puede provenir de nosotros mismos pues nuestro conocimiento es limitado… realmente, por naturaleza, somos bastante ignorantes acerca de nosotros mismos. Nos descubrimos con el tiempo; y con el tiempo también nos mejoramos o nos empeoramos. Dentro de la maravillosa libertad que ha sido dada a los hombres, debemos reconocer que nuestras elecciones nos acercan o nos alejan de descubrirnos; no definen quienes somos, solo facilitan o dificultan el descubrirlo. La clave de todo esto es reconocer que nosotros no nos auto-creamos, tampoco nos crean las circunstancias de nuestra vida; fuimos creados… las circunstancias de nuestra vida facilitan o dificultan descubrir esto y descubrirnos a nosotros mismos según esta realidad… ¿Quién me creó? ¿Qué me creó?
Las respuestas están sin duda en el que nos creó, en el que nos concibió en su mente y corazón, muchísimo antes de que fuésemos concebidos en el vientre de nuestra madre. Hemos de acudir a El para saber quienes somos; pues como la vasija no se define a si misma, ni escoge su forma; así nosotros fuimos definidos por El únicamente… como dice su palabra: fuimos creados en El, por medio de El, y para El. Parece, entonces, que la única solución para saber quienes somos esta en El.
“Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino de Señor, como dijo el profeta Isaías.” (Juan 1:23)
La respuesta de Juan refleja cosas que deseo en mi vida…
· Juan sabía lo que no era. Sabía que no era Elías, ni Jesús, sabía que no era otro (y no trataba se serlo) sino él mismo.
· Se identificaba con un propósito y no con circunstancias o características. Este propósito era completamente suyo, pero no para él mismo; era un propósito del Reino de Dios.
· Se identificaba con un Dios, con una autoridad, con una voluntad mayor que la suya propia… ¿cuántas veces tengo que recordar que no soy lo que yo decido, sino lo que Dios me hizo?
· Juan definió su identidad a través de la palabra de Dios.
¿Hay alguien que pueda decirnos quienes somos? Solamente Dios. Debemos buscarlo sin cesar para descubrirlo, para recibir de El esa revelación.
Yo no se si Juan recibió la influencia de sus padres cuando le hablaban de aquella revelación que ellos mismos recibieron cuando Juan nació… yo no se si la recibió en los íntimos momentos de comunión con Dios… yo no se si fue al desierto para buscarse a sí mismo y se descubrió allí, en el silencio y la separación de ‘lo cómodo y normal’… nada de esto se. Solo se que Dios lo sabe. El sabe quien soy pues pensó en mí antes de que existiera. Mi deseo, el deseo de mi corazón, es ser exactamente quien Dios hizo; y creo que me lo quiere decir… pero lo que me quiere decir es algo muy bueno y maravilloso para simplemente ser información… es intimidad, es experiencia, es caminar juntos… es como un padre tratando de explicarle a un hijo quien es ese hijo para su padre. El padre atesora el momento, el hijo lo desea con ansias…el padre y el hijo lo quieren disfrutar. Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces…
Tuesday, February 19, 2008
Hambre y oración...
‘… David cuando tuvo hambre… entró en la casa de Dios… y comió…’ (Lucas 6:3-4)
Siempre hay provisión en la casa de Dios para sus hijos. Siempre.
Hace tiempo escuchaba un mensaje de Dante Gebel en el que una frase reflejaba un principio espiritual muy profundo; la frase decía “no importa lo que hayas hecho, tienes un sitio en la mesa… ven, siéntate y come; luego hablaremos de lo que hiciste…” La mesa se refería a estar en la presencia de Dios y el principio espiritual que se señalaba es aquél que nos enseña que en Cristo y por Cristo, siempre podemos acercarnos sin temor a la presencia de Dios… es el único lugar donde encontraremos ese alimento espiritual que nos sustenta. El caso común es que cuando sabemos que hemos fallado y ofendido a Dios, el primer engaño que debemos enfrentar es el temor de ir a la presencia de Dios… el error es aislarnos, dejar de orar, dejar de hablar con Dios y estar en su presencia.
¿De qué tienes necesidad hoy? ¿Tienes hambre? Hay distintos tipos de hambres, las hay físicas, las hay emocionales, las hay espirituales; incluso hay habres de sabiduría y dirección. Cuando hay hambre y no hay alimento por mucho tiempo viene la malnutrición, la enfermedad, el dolor. Sea cual fuere el hambre que hoy enfrentas, solo en la casa de Dios hallarás satisfacción. Como hay distintos tipos de hambres, también hay distintos tipos de panes; de alimentos según la necesidad. Es en la presencia de Dios donde encontrarás el alimento necesario y específico para tu necesidad. El ofrecer este alimento es la gloria de Dios y no la del hombre. Dios es el proveedor, el dador de toda buena dádiva y el único capaz de satisfacer nuestras necesidades.
No importa lo que hayas hecho; tienes acceso a la presencia de Dios en Jesucristo. Esto no debe ser malinterpretado, no quiero decir que esta bien ofender a Dios o que el pecado no tenga relevancia; al contrario, la misma historia de David entrando en la casa de Dios para comer del pan consagrado (1 Sam 21) nos enseña que todo acto y pecado tienen consecuencias; y que las consecuencias se enfrentan siempre; tarde o temprano. Lo que quiero decir es que aunque hayamos pecado, tenemos acceso a la presencia de Dios a través de su Hijo Jesucristo, quien pago en la cruz con su vida y su sangre, el precio de este acceso. Aunque tengamos ofensas, en Cristo tenemos acceso a la gracia de Dios.
Al igual que un hijo desobediente, la culpa y la incomodidad en nuestro corazón serán más intensas cuando estemos en la mesa de Dios; y solo cesarán cuando hablemos de esa ofensa con Dios. La confesión, el arrepentimiento y el otorgar o pedir perdón son los únicos caminos que el hijo desobediente tiene para reconciliarse con su padre y ser capaz de sentir nuevamente aquello que nunca cesó de existir… el amor del Padre. Este amor es la garantía del Padre, es la base de la identidad de hijo, es su herencia irrevocable.
Thursday, February 7, 2008
El publicano...

“… salió, y vio a un publicano llamado Leví… y le dijo: sígueme.” (Lucas 5:27)
Cristo también usa a los pecadores. También tiene un llamado de vida para los pecadores; un llamado a discipulado; un propósito de Reino.
No se trata del pasado, no se trata de lo que hicimos antes, no se trata de un perfecto registro de vida… se trata de que Jesús nos vea; y nos llame. Jesús nos ve como somos realmente… él nos ha visto sentados en la mesa del pecado, él sabe que somos publicanos, conoce todo de nosotros… aun así nos llama. El sonido de su voz es irresistible, como llama en el corazón. Nos llama como somos, no nos envía a cambiar primero, a ganar méritos; solo nos llama a seguirlo. El nos cambiará en el camino… solo si decidimos seguirlo.
Es el momento de la verdad, es el momento de escoger. Hay que hacer una decisión aquí y ahora. ¿Cómo responderemos a la sola y simple palabra de Jesús? Sígueme. Camina. Deja lo que estas haciendo. Ponte en movimiento, mírame y sigue caminando en mi dirección. Es un llamado profundo a escoger; a dejar; a levantarnos; y a caminar en pos de Jesús… no es un llamado pasivo sino un llamado activo. De movimiento…
“…y dejándolo todo, se levantó, y le siguió”
La decisión estaba hecha. Nada había que decir, no había vuelta atrás. El pecador que nunca fue digno de nada honroso ante los ojos religiosos recibe el llamado de mas honra de la historia de la creación… seguir al Creador. Lo vergonzoso se vuelve honroso; lo impuro puro; lo inútil útil; lo de destrucción de edificación. ¿No es esto transformación?
Una palabra, un llamado, un momento de decisión… una respuesta… una nueva criatura que los ángeles miran con admiración por ser transformado en el recipiente, el instrumento del mas noble propósito de la creación. Dios es fiel.
Cristo ha venido por los enfermos… por los que saben que están enfermos y buscan ayuda desesperadamente. Cristo vino a llamar a los pecadores al arrepentimiento. Los justos no necesitan un Salvador en su propia inteligencia. Los pecadores le buscan desesperadamente. Es la diferencia que produce esperanza en El, en su obra, en su perdón.
La religiosidad ciega y entorpece la mente volviéndola un obstáculo en lugar de un instrumento para obedecer, para reconocer las promesas de Dios que están siendo cumplidas, para recibir el gozo de ver a Dios obrar, a Cristo conquistar… de ver a Dios transformar para su gloria. La religiosidad crea una subcultura llena de juicios, aislada, resentida y ansiosa, sin capacidad de ver la verdad.
Wednesday, February 6, 2008
Perdón y Sanidad...
… y el poder del Señor estaba con él para sanar. (Lucas 5:17)
Mientras Jesús estaba enseñando, mientras servía a Dios, mientras cumplía su propósito en la tierra, mientras caminaba… el poder de Dios estaba con Jesús para sanar. No era lo que estaba haciendo o como lo hacía; era su propia presencia, era la voluntad de Dios y el momento que El escogió para dar sanidad. Jesús sabía que el poder de Dios estaba con él y que se manifestaba de acuerdo a la voluntad de Dios en el contexto de la fe de los hombres. Momentos impredecibles para los hombres, conocidos ya por Dios.
¿Podemos nosotros – meros seres humanos – conocer o sentir el momento en el que la presencia del Dios Soberano y su poder están con nosotros para sanar? Posiblemente no podemos conocer de antemano el momento y mucho menos planearlo; pero posiblemente podemos sentirlo cuando llega ya que es revelado por el Espíritu Santo. Es el momento de la presencia de Dios obrando.
Mas que el momento mismo es sin duda importante le fe pues Jesús mira la fe antes de pronunciar las palabras de perdón a quien estaba paralítico por causa de sus propios pecados. No solo mira la fe del enfermo sino la fe de aquellos que realizan verdaderos esfuerzos para poner al enfermo delante de Jesús. Esta es una fe asombrosa para mí, es un reflejo de la intercesión, de la fe que trasciende mis propias necesidades para enfocarse en las de otros. Esta es una fe que nos obliga a esforzarnos por poner a alguien delante de Jesús… “procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él”, pero al no poder por causa de la gente lo bajaron haciendo una abertura en el techo... “poniéndole en medio, delante de Jesús”.
A veces la fe salvadora, la fe que Dios ve para perdonar los pecados es la de aquellos que nos cargan en nuestros momentos más duros. Es una fe que no puede venir de otro lugar que del amor; el amor de hermanos, el amor de amigos; el amor que Dios implantó en nuestros corazones y que – aun cuando no le conocíamos – nos lleva a compartir las cargas de otros. Ese amor se perfecciona y es real solamente en Jesús, solamente cuando Jesús es el destino, la esperanza, el motivo y el recurso de ese amor. Jesús redime el amor y le da dirección correcta y verdadera… la dirección del Salvador; en él, la esperanza se convierte en fe en Cristo; y la fe en Cristo produce el perdón de los pecados… y la sanidad.
¿Qué es más fácil decir… estas perdonado o eres sano?... la verdad es que no lo se. Ambas potestades son solamente de Dios, pero algunas veces él escoge expresarlas o manifestarlas a través de sus hijos y cuando él lo hace se produce ese momento conocido por Dios en el que el poder del Señor esta con Cristo para sanar… a través de mí!
Verdaderamente el poder de Dios esta con nosotros como imagen y semejanza suya, como herederos, embajadores y ministros de la reconciliación. Ese poder que a veces Dios despliega milagrosamente a través de nosotros, se refleja permanentemente en nuestro amor redimido y enfocado en Cristo que nos hace capaces y deseosos de compartir las cargas de otros; se refleja en nuestra fe que se esfuerza por poner al necesitado en presencia de Cristo.
Que nuestra mente sea un instrumento de obediencia en esta misión de reflejar… que no sea – como en el caso de los fariseos y doctores de la ley – un obstáculo.
Gracias Señor por tu hermosa palabra. Que yo pueda ser reflejo de tu gloria, de tu perdón y de tu sanidad. Que mi amor sea redimido por Crsto. Que mi fe este dispuesta a cargar las cargas con otros, a esforzarme por presentarlos en tu presencia… te lo pido en el nombre de Cristo. Amén.
Tuesday, January 15, 2008
El desierto y la gracia...
01/15/08
El desierto y la gracia…
… el pueblo que escapó de la espada, halló gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de reposo… (Jer 31:3)
A veces el desierto es la alternativa a la espada; a la muerte del pecado; una intencional o forzada elección buscando reposo; o el único lugar al que se puede escapar del enemigo que acecha poderoso con firme amenaza de muerte.
Otras veces el desierto es la consecuencia de nuestros propios pecados; la consecuencia de nuestra propia conducta y necedad que se empeña en desviarse del camino y someterse a una voluntad más alta.
Otras veces el desierto es solo un instrumento; es el lugar a donde el mismo Espíritu de Dios nos guía intencionalmente, no por nuestra conducta o como consecuencia de nuestros actos; sino más bien como destino pasajero al que vamos solo para recibir aquello que Dios quiere darnos… humildad, autoridad, santidad, paciencia, instrucción…
Sea como sea… en el desierto es en el lugar donde hallamos la gracia de Dios.
En el desierto Dios nos habla al corazón como se describe en el libro de Oseas… es en el desierto resuenan sus palabras escritas en Jeremías… ‘con amor eterno te he amado, por tanto, te prolongué mi misericordia…’ palabras de amor y palabras de gracia de un Dios eterno que aún hoy es capaz de prolongarnos su amor y su perdón como diciéndonos que no todo esta perdido, que no es demasiado tarde… que El aún nos espera. Sea cual fuere esa área que aún no podemos vencer; Dios aún tiene un plan.
En el desierto Dios siembra esperanza en el corazón con su promesa de edificarnos de nuevo, sí, aún nos ha de edificar, aún seremos adornados y danzaremos; aún plantaremos una viña y disfrutaremos de su fruto…
En el desierto Dios reúne aquello que El mismo dispersó… lo que fue separado, espantado y esparcido, es reagrupado y reunido en el desierto.
En el desierto Dios es el que guía, Dios es el único Pastor… pastorea a débiles y heridos; a ciegos y cojos, a recién nacidos y acabadas de dar a luz… El sabe pastorearnos con ternura y con amor… en el desierto aquel cuyo corazón fue quebrantado es pastoreado por Dios, es tratado con ternura… en el Desierto Dios hace fáciles los caminos difíciles.
En el desierto Dios purifica nuestra alma, la limpia de confusión y nos recuerda quién es la fuente verdadera de toda bendición… nos devuelvo la perspectiva clara, no adulterada ni corrompida por las cosas de este mundo o las mentiras de Satanás. En el desierto recordamos que solo El puede satisfacernos con cosas buenas, que solo de El proviene toda satisfacción verdadera… En el desierto los deseos que se vuelven dioses caen y es el Dios verdadero el que satisface los deseos. La verdad nos libera de confusión y Dios nos regala una bendición mas… la capacidad de disfrutar de esas bendiciones. Esa capacidad viene solo de El y esta supeditada a entender que solo El es fuente de bendición – de El provienen todas – y fuente de satisfacción – El permite que nuestro corazón reciba y disfrute con libertad y en totalidad.
En el desierto es Dios el que seca las lágrimas de nuestros ojos, es Dios el que nos consuela y siembra esperanza verdadera; esperanza que no falla para nuestro porvenir… habrá salario para nuestro trabajo, porvenir para nuestra descendencia… aún hay planes de Dios para nuestra vida.
En el desierto finalmente Dios nos concede el regalo de su gracia: el arrepentimiento verdadero de nuestro corazón; el único que nos permite recibir el regalo máximo de su salvación… Jesucristo sacrificado por nuestros pecados. Solo Dios nos puede llevar a ese lugar, al lugar donde el corazón finalmente es vencido y se somete totalmente en arrepentimiento; reconociendo por fin con claridad sus faltas… entonces, el Dios del cielo y la Tierra; el Dios del Universo dice… ‘mis entrañas se conmovieron por él, ciertamente tendré de él misericordia…’
(Recomendación: Leer el capítulo 31 del libro de Jeremías de la Biblia)
Wednesday, January 9, 2008
Satisfacción:
Enero 9, 2008
“Mi alma quedará satisfecha
como de un suculento banquete,
y con labios jubilosos te alabará mi boca”
(Salmo 63:5)
La búsqueda de satisfacción es inherente en el hombre… el corazón del hombre busca ser satisfecho. La búsqueda de satisfacción no es el problema del corazón humano; el problema se presenta cuando:
- Esta búsqueda o la satisfacción en sí misma es mas importante que Dios.
- Olvidamos que toda bendición y la satisfacción que produce en nuestras vidas provienen de Dios, así nos confundimos creyendo que son las bendiciones la fuente de satisfacción y no Dios. Adoramos las bendiciones en lugar de Aquel que bendice.
- No creemos totalmente que Dios es capaz de satisfacernos en todas las áreas, en todo el tiempo.
Reconocer claramente quien es el que satisface a través de sus bendiciones otorga al mismo tiempo la libertad necesaria para recibir y disfrutar de esas bendiciones sin culpas ni complejos. Este es un digno objetivo para todo creyente en Jesucristo.
Aprender a reconocer a Dios como fuente de toda satisfacción puede implicar aprender a encontrar satisfacción en Dios aún cuando no hay bendiciones aparentes; puede implicar aprender a alabar a Dios en medio de la tormenta mientras sentimos esa paz que solo El puede producir en el corazón y descubrimos la satisfacción de su sola presencia... ¿quién puede arrebatar esa satisfacción? Tal vez esa es la única forma de vencer mi adicción a las bendiciones, la que con frecuencia me engaña y me hace dependiente de ellas y no de Dios; la que me confunde y me roba la paz que el Príncipe de Paz me regaló a precio de su sangre.
De la multicultura a la reconciliación social:
DE LA MULTICULTURA A LA RECONCILIACION SOCIAL
El permanente intercambio cultural en la actualidad es asombroso. El mundo esta ahora al alcance de la mano; desde la reservación para cenar en un restaurante de comida vietnamita hasta la decoración del salón al estilo contemporaneo persa disponible en una vitrina; pasando por el estudio de Yoga del barrio; saborando el café del día que es etíope y el shwarma para llevar dispensado por un libanés que chapurrea algo de español y recuerda el nombre de dos de los presidentes de la República del Ecuador.
No hace falta siquiera conectarse al internet para estar “conectado” con el mundo; la diversidad es ya característica indiscutible de las ciudades modernas. En los hospitales hay doctores de todas las nacionalidades; es incluso un reto encotrar una enfermera que hable inlgés sin acento. No es extraño que un asiático sea socio de un restaurante mexicano ni que sean los latinoamericanos los responsables de ponerle el sabor y la sazón a la comida típica china. Este es el panorama de la ciudad moderna; se han vencido barreras del idioma y la cultura en pos de un un salario y una oportunidad de vida. No importa ya por qué vinimos los immigrantes; el caso es que estamos aqui, venimos de todo el mundo y nada en lo aparente hace pensar que esta creciente diversidad vaya a disminuir. No se trata de Hispanos o Asiáticos o Arabes; se trata del nuevo DNA de la ciudad misma en el que la suma de las minorías comienza a ser la mayoría. Esta es la característica de la ciudad moderna; multicultural.
El caso es que detrás de esta aparente adaptación cultural que se refleja en la variedad de servicios multiculturales disponibles y el ‘conocimiento urbano’ de otras razas y tradiciones; subsisten profundas barreras sociales que no son invisibles.
Barrios que se convierten en ghettos para miles de extranjeros que adaptan su pequeña ciudad dentro de la gran ciudad a la que acuden cada día a trabajar. Es como trabajar en el extranjero; viajando cada día grandes distancas emocionales en una travesía de apenas decenas de millas. Nos adaptamos - o mejor dicho nos acostumbramos por necesidad - pero el corazón sufre porque esta dividido; a veces se endurece, rechaza la verdad y el entendimiento nos es velado. Las primeras generaciones de immigrantes luchan con todas sus fuerzas por alcanzar estabilidad financiera y la celebran con la esperanza de una vida mejor para sus hijos. Pero los hijos crecen heredando en el corazón una barrera de división que ya no es el lenguaje como lo fue para sus padres - ahora es más profunda - es una barrera de identidad en el alma que lucha por entenderse a sí misma y encontrar su verdadero hogar. Los padres se vuelven dependientes de sus hijos por causa del idioma; estan ausentes de su casa por la necesidad de ganarse la vida con uno o dos trabajos; son segregados y condenados en puestos carentes de oportunidad para estudiar o mejorar; son incomprendidos muchas veces por la sociedad local y no les queda más que abrirse camino duramente. Las presiones los separan; los vicios los asechan; la familia se rompe. Los hijos eventualmente pierden el respeto a sus padres invirtiendo los roles dados por Dios; rebelión, resentimiento, independencia, incomprensión... No es extraño que miles de jóvenes busquen y confundan su identidad con la de una banda callejera en la que encuentran otros como ellos; otros que los entienden; otros que se convierten en lo más cercano a una familia para ellos. ¿Cómo ayudarlos?
¿Y los nativos? Conocen otras culturas solo superficialmente y lo desconocido naturalmente produce temor. Ven sus barrios cambiar; la emoción inicial de ver lo que es diferente; de la música y de la comida pronto se transforma en desilusión cuando conocen el lado menos brillante de estos immigrantes que ya no son sus visitantes sino sus vecinos. Estos más tarde o más temprano manifiestan la oscuridad de equipaje emocional que aún no han desempacado ganándose la crítica de los nativos para quienes no siempre es fácil adaptarse al cambio especialmente cuando nadie lo llamó; al fin y al cabo ¿no estarían todos mejor en su propio país?. Eventualmente los nativos dejan sus barrios y se retiran formando a su vez otros ghettos, con otras reglas. No es fácil llevar las cargas de otros... no es justo. Los juicios son confusos y se producen los prejuicios o juicios previos que dictan el valor y comportamiento de una persona de acuerdo a su raza; de acuerdo a expreriencias a veces limitadas por la falta de conocimiento real. La palabra protección aparece en lo íntimo del alma de los nativos; protejer su casa; protejer su manera de vivir; sus hijos; sus hijas; su riqueza. Sienten que estan perdiendo el control de su propio país y preocupados se preguntan qué deben hacer. ¿Cómo ayudarlos?
Asi vemos que después de lo aparente la multicultura no siempre trae unión sino más bien división. El vivir en la misma ciudad no significa que estemos unidos; el trabajar juntos tampoco es sinónimo de unión; ambas partes tiene sus motivos, justas razones y deficiencias. Pero sabemos que la voluntad de Dios es que haya unidad y aunque esto no significa que debamos hacerlo todo juntos sí implica que nos conozcamos; nos relacionemos y preocupemos los unos por los otros en el vínculo de paz, propósito y amor. Sabemos finalmente que la busqueda de unidad es un proceso difícil, lleno de fricciones, retos y cambios. Solo hace falta mirar el proceso que un hombre y una mujer deben recorrer hasta poder llamarse verdaderamente un matrimonio.
Por otro lado la proyección de esta dinámica multicultural se mira con preocupación. De hecho existe ya una tercera cultura que aún nadie conoce con exactitud; es la cultura de la generación nacida bajo estas presiones; una generación que es culturalemente mestiza. Si creemos en que Dios tiene un propósito para éste fenómeno en las grandes ciudades podemos también confiar en que tiene un propósito para esta generación y que El lo cumplirá en ella pero esto no anula nuestra responsabilidad como padres; responsabilidad que es muy seria ante Dios. Los hijos serán el reflejo de las virtudes y deficiencias de sus padres; de su ejemplo y de su enseñanza. La siguiente generación será la Iglesia del futuro y será sana en la medida en la que intencionalmente la ayudemos y procuremos tratar sus males con amor y verdad. La medicina en este caso solo viene de Dios; pero se administra con nuestro ejemplo. Sin ejemplo nuestros hijos reconocerán la contradicción entre lo que predicamos y lo que hacemos; la Iglesia para ellos no será un templo de Verdad sino de apariencias; heredarán nuestras barreras internas y posiblemente tendrán que enfrentarlas solos, aislados.
Es muy válido preguntarnos si éste fenomeno de la multicultura ha afectado a nuestra Iglesia local y a la Iglesia de nuestra ciudad. Si no la ha afectado debería preocuparnos el hecho de que la Iglesia este desconectada de lo que definitivamente afecta a la ciudad. ¿Cómo la Iglesia puede ser relevante en la ciudad si no siente su palpitar? Por el contrario si la multicultura que Dios ha permitido sí ha afectado nuestra Iglesia deberíamos preguntarnos si ha traído crecimiento espiritual o división. Solo un diagnóstico sincero y oportuno será bendecido con la verdad que es escencial para la vida verdadera.
¿Cuál debería ser entonces el papel de la Iglesia Cristiana ante el fenómeno de la multicultura?
Seguramente no tan solo el de juzgarla tratando de establecer lo correcto y lo incorrecto; o tratando únicamente de sugerir la conducta adecuada en nativos e immigrantes mediante normas impuestas por mera autoridad. No tan solo el tratar de influenciar poderes políticos para establecer leyes que obliguen a una mejor relación cultural; o tratando solo de establecer quien tiene la razón y quien no la tiene. Nada de esto funciona por sí solo si no refleja un corazón inundado con el amor, la verdad y el verdadero poder de Dios.
Tampoco le corresponde a la Iglesia actuar con apatía y solo contemplar el problema dejando que la solución llegue por sí sola; dejando la situación solamente en manos de las autoridades civiles sin la capacidad de enfrentarla a la luz de la Palabra de Dios. Hemos sido llamados a ser sal y luz del mundo; hemos sido llamados a influir pero no ha hacerlo como el mundo lo hace sino como nuestro Señor nos lo mostró con su ejemplo cuando estuvo en la tierra. Con amor, servicio y verdad. Con reconciliación y llamado a arrepentimiento tanto de las autoridades que emiten leyes asi como de las autoridades a las que les han sido encomendadas las almas... ¿por qué no?; las almas de los immigrantes que Dios ha permitido venir a la ciudad y las almas de los nativos a los que Dios les entregó esta tierra y en ella formaron sus hogares.
¿Cuál sería la prioridad de un pastor Hispano si Dios le encomendara una congregación Afro Americana?; ¿Y la de un Pastor Anglo si Dios lo pusiera sobre una congragación Hispana?... ¿Sería la prioridad la de cambiar a la congregación para que lo entiendan mejor a él y a su gente; o sería la de conocer a la congregación para cambiar su propio corazón (el del Pastor)? Al fin y al cabo no se ama lo que no se conoce. Creo que Dios intencionalemente ha entregado a cada pastor de esta ciudad una congregación culturalmente tan diversa como la ciudad misma. Dios le preguntará qué tanto conoció a sus ovejas.
Creo que la Iglesia Cristiana tiene ante la multicultura una gran oportunidad; la de expresar el amor de Cristo. Todo debería constituir una oportunidad para esta expresión entre quienes nos llamamos Iglesia; todo dolor; toda necesidad; todo reto; toda diferencia. Este amor de Dios solo se puede expresar mediante el ministerio que El mismo nos ha entregado; el ministerio de la reconciliación; espiritual; racial, social; reconciliación a través de Cristo quien “...de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades... para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades”. (Efesios 2:14-16)
La reconciliación social debería ser la consecuencia del fenómeno de la multicultura. Esta reconciliación social no se inicia en las leyes, ni en los demás; ni se inicia en la mayoría, ni en el más poderoso. La reconciliación social se inicia en el corazón; en nuestro propio corazón y es un elemento fundamental para la obra del Espíritu de Dios en nosotros y su consecuencia en la transformación integral del hombre y de la comunidad. Solo un hombre reconciliado es capaz de guiar a reconciliación.
Al igual que en nuestra salvación Dios actúa cuando somos capaces de venir ante El en oración con un corazón sincero que reconoce el propio pecado y el dolor recibido por el pecado de otros. Dios nos recibe cuando acudimos a El un corazón arrepentido que busca la cruz para morir y ser transformados. Dios honra un corazón que nombra a Jesucristo Señor y verdad sobre todas las cosas; las del mundo; las de la carne; las del pasado; las del presente y las del futuro; lo nombre Señor incluso sobre las confusiones de nuestra propia Iglesia. A ese corazón Dios le concede perdón y le da la capacidad de perdonar a otros. Ese intercambio de perdón producido en la cruz trae reconciliación social pues la identidad del hombre cambia y deja de estar arraigada a una tierra o un país para encontrar sus verdaderas raíces en el cielo y en un Reino que no es de este mundo.
Al igual que en nuestro camino de la fe; a este rendirse le sigue un proceso de conocimiento en el que el corazón ya no esta vendado por el pecado y la rebelión. Este conocimiento debe ser intencional; cuesta tiempo; esfuerzo y acción... a veces dolor y desengaño. Ojalá algún día podamos intentar conocer asi a nuestros vecinos; a nuestros hermanos y conciudadanos del cielo; a los santos de la Iglesia de Houston; a aquellos a quienes - junto a nosotros - estaría dirigida una Epístola si Cristo nos escribiera ahora... no a la Iglesia Hispana o Anglo o Asiática de nuestra ciudad; sino a la Iglesia – la única Iglesia – de nuestra ciudad.
Que Dios guíe a nuestros líderes espirituales a actuar como aquellos justos de los tiempos de la Biblia; con ejemplo y firmeza; con temor de Dios y públicamente. ¿Qué pasaría si la Iglesia de una cultura pidiera pedón públicamente a la Iglesia de otra cultura?
Personalmente como hijo de Dios y como immigrante en este país y en este mundo por ahora me queda soñar y orar para que juntos y guiados por el Espíritu Santo seamos capaces de enfrentar nuestras diferencias. Quizás un día seamos capaces de decir que Dios permitió la multicultura y a través de ella Cristo trajo reconciliación social; y a través de ella propósito; y a través de ella transformación en nuestra ciudad; y a través de ella gloria para su nombre. Asi sea.
Latinos en USA - Reconciliación y Propósito

Enero 2007
LATINOS EN USA – RECONCILIACION Y PROPOSITO
Vacío. El corazón que no tiene propósito para su vida esta vacío. Un corazón vacío busca desesperadamente algo significativo que lo llene pues fuimos creados para ser significativos; para ser importantes para alguien; para algo. El significado de la existencia de un ser humano viene cuando éste encuentra o determina su propósito.
La sola idea de ser significativo, de tener un propósito en esta vida crea en el corazón esperanza; alimentada por esa esperanza la mente se transforma produciéndose la fe. La fe verdadera produce decisión y esta a su vez produce acción; obras; fruto. Fuimos creados para dar buen fruto, fruto que perdure. El problema se sucita cuando el corazón es engañado y pone su esperanza en algo que es mentira; confunde entonces su propósito; oscurece el entendimiento de la mente causando decisiones erradas; acciones que producen frutos amargos; dolorosos; decepcionantes. Entonces el corazón se endurece a la verdad y se pierde, vagando con heridas reales aunque a veces olvidadas; buscando propósito, preso en un círculo contínuo de decepciones. Llega un momento en el que el corazón se convence de que la vida es asi; de que vive la realidad y entonces se conforma y se estanca... creado para ser significativo pero estancado en una vida mediocre. ¿Es este el caso de miles de inmigrantes Latinos en USA?
La verdad libera pero para hacerlo debe primero entrar en el corazón; solo entonces reestablecerá la esperanza correcta para reconciliar el real propósito de la existencia. La mente será renovada por la fe verdadera y producirá los frutos que no decepcionan y que agradan a Dios. A veces el corazón esta tan duro que ni siquiera sabe que esta preso; aunque produce buenos frutos en un área los produce amargos en otra. Es el caso del creyente que no puede vencer la ira o la depresión. Solo Dios puede suavizar su corazón para que la verdad entre en él relacionándose de una manera única y personal con su pasado, presente y futuro.
Habiendo yo mismo nacido en Latinoamérica y viviendo ahora en los Estados Unidos me he preguntado varias veces cuál es mi propósito en este país. ¿Estoy en donde debo estar; dentro de la voluntad de Dios o debo regresar a mi tierra?, ¿Tiene Dios un propósito para mi aqui o en mi país de origen?, ¿Vine huyendo erróneamente de algo y buscando solamente mi propio beneficio?. Aunque estas preguntas son menos relevantes para los creyentes que llegaron a USA obedeciendo un llamado del Señor; son sin duda muy profundas y reales para aquellos que encontramos aqui la salvación de nuestras almas; más aún para los miles de immigrantes indocumentados que no tienen documentos válidos en este país pero que aqui encontraron su pasaporte al Reino de los cielos y su verdadera y eterna nacionalidad.
Especialmente para estos últimos estas preguntas conllevan miedo, confusión y a veces ira, verguenza y resentimiento. Increibles historias de justicia y de injusticia estan escritas entre las líneas de esta realidad social que no encuentra alivio a la tensión permanente que genera en nativos e immigrantes; documentados e indocumentados; beneficiados y perjudicados.
Pero existe una pregunta válida para todos; ¿Es una coincidencia que este fenómeno migratorio este sucediendo? Si no cae un pajarillo sin que lo permita el Padre estamos seguros que Dios esta informado de lo que sucede y que en su infinito poder y sabiduría su Palabra declara que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Rom 8:28) Poderosa promesa que no es exclusiva de nacionales ni lo es de extranjeros sino de todos hijos de Dios por igual. Dios no desperdicia el dolor y el sufrimiento; solo El puede transformarlo todo en luz para su gloria.
Dos personajes de la Biblia también enfrentaron un dilema con la ley, la justicia y su propósito; estos fueron Absalón, hijo rebelde del rey David; y Onésimo, esclavo fugitivo de Filemón. En ambos la gracia y la justicia de Dios estuvieron presentes aunque sus vidas tomaron distintos rumbos. Ambos sufrieron; ambos tomaron la justicia por sus propias manos; ambos pecaron; ambos fueron perdonados pero solo uno de ellos demostró verdadero arrepentimiento siendo capaz de perdonar, reconciliando asi su propósito con la voluntad de Dios.
Absalón fue un jóven que jamás produjo verdaderos frutos de arrepentimiento y aunque fue perdonado no aprendió perdonar. Cegado por el dolor causado a su amada hermana Tamar; mató a su hermano Ammon quien la había violado. Posiblemente tampoco perdonó nunca a su padre David por no haber buscado castigo para el violador. Los años que pasó en el exilio de Gesur endurecieron aún más su corazón en lugar de producir en él arrepentimiento. Por gracia le fue concedido el beso de perdón de su padre y rey pero este perdón no se perfeccionó en reconciliación ya que solo el arrepentimiento verdadero suaviza el corazón y lo transforma. Sumido en el orgullo y la oscuridad Absalón se rebeló completamente contra su padre y trató de arrebatarle el trono de Israel sumando pecado sobre pecado. Finalmente murió habiendo fracasado. Su propósito le fue arrebatado.
Onésimo sufrió esclavitud y también tomó la justicia por sus manos robando y huyendo de su amo. Escondió su pecado en medio de la gran ciudad de Roma tratando de vivir en ella su falsa libertad ya que las cadenas aún las llevaba en el corazón. No sabemos lo que usó el Señor para atraerlo a Jesucristo ni cuánto tiempo pasó o cuánto temor enfrentó su alma hasta que de la mano de su discipulador el apóstol Pablo, tomó una decisión tan valiente como insensata ante los ojos del mundo; decidió regresar a Colosas para enfrentar a su amo, pedirle perdón y reconciliarse con él. Fue un acto que demostró el arrepentimiento de su corazón y aunque representó mucho riesgo; fue la manera en la que Onésimo entregó completamente su destino en manos del Señor. No sabemos los pormenores del encuentro pero es muy probable que Onésimo fuese años después el Obispo de la Iglesia de Efeso. La reconciliación de este esclavo fugitivo con su pasado también lo reoncilió con su futuro; con su propósito en el Reino de Dios.
La diferencia entre estos dos hombres fue la reconciliación que se produjo en sus vidas; aquella que es verdadera y que requiere un corazón abierto y sensible a la verdad; capaz de reconocer sin justificativos el pecado y producir real fruto de arrepentimiento. Un corazón capaz de perdonar; de pedir perdón y de recibirlo; es también capaz de realizar un viaje al pasado para enfrentar la impiedad en la presencia de Dios y hacer recto lo que estuvo torcido reconociendo sus motivos a la Luz de Cristo. Ese viaje seguramente produjo temor e incomodidad en Onésimo pero la promesa de un Dios bueno y Todopoderoso que dispone todas las cosas para bien de los que lo aman (obedecen) seguramente generó esperanza en su corazón; fe en su mente y finalmente decisión. La reconciliación es la perfección del perdón recibido por gracia en la cruz.
También los Latinos immigrantes requerimos reconciliación; legales o ilegales; de primera, segunda o tercera generación; pues en muchos de los casos las razones que nos trajeron a este país estuvieron fundadas en una ruptura que conllevó necesidad, decepción, separación, obligación o dolor. Solo la justa y verdadera reconciliación del corazón con aquello de lo que nos separamos producirá en nosotros - como en el caso de Onésimo - una reconciliación con el propósito para el que fuimos llamados. Un propósito que no tiene nada que ver con reinos terrenales sino con el Reino de los Cielos del cual somos ciudadanos. Esta reconciliación es un viaje que aunque tal vez no se dé físicamente sin duda se debe iniciar espiritualmente; de rodillas; en oración. Considero que en este viaje debemos buscar reconciliarnos con cinco aspectos de nuestra vida e identidad:
Con la justicia. Venimos de cunas de rebeldía y corrupción. Nuestros países sufren de este mal en todos sus estamentos; en todos sus niveles. Pecamos nosotros; pecaron nuestros padres y los padres de nuestros padres; pecaron nustras autoridades; nuestros líderes y nuestros sacerdotes. Como en el tiempo de Esdras necesitamos arrepentirnos para ser libres del estigma de rebeldía, injusticia e inconformidad que nos acecha.
Con nuestra raza. Como fue expresado por un líder cristiano latino en una convención misionera, los hispanos somos en nuestra mayoría mestizos; existen en nuestras venas dos sangres en conflicto; dos identidades en batalla. Nuestra parte indígena; pagana y oprimida clama redención y justicia por las generaciones de idolatría, de abuso y segregación. Nuestra parte europea, conquistadora sufre el veneno de la corrupción, la avaricia y la culpa por atrocidades cometidas. Ambos son nuestros padres; indígenas y europeos; ambos claman ser reconocidos y respetados como ancestros, origen y antepasados. Solo la sangre de Cristo puede traer paz ayudandonos a aceptarlos, perdonarlos y honrarlos como establece uno de los mandamientos entregados a Moisés.
Con nuestra nación. Fuimos expectadores de la pobreza e injusticia en nuestras naciones y por eso las criticamos, las juzgamos en nuestros corazones y emitimos juicios contra ellas y contra nuestras autoridades. Esos juicios nos atan; oscurecen nuestro entendimiento y pueden volverse contrra nosotros en cualquier parte del mundo a la que vayamos. Dios establece que asi como juzgamos seremos juzgados. Dios requiere que intercedamos por nuestras autoridades, si juzgamos hemos de juzgar las acciones en justicia, los frutos; no a las personas pues a imagen de creador fueron creadas y El permitió su posición de autoridad. Emitimos juicios también contra nuestras naciones vecinas hermanas reflejando la sombra de sangrientas y repetidas guerras. Dios nos llamó a unión, armonía y perdón. No existen en el cielo los reinos de Juda e Israel; existe un solo pueblo; un solo remanente; una sola nación.
Con la Iglesia. Estuvo presente desde el descubrimiento de América y la historia muestra sus aciertos y sus errores; especialmente en la dura época de la esclavitud y el desamor de nuestros padres. Pero la Iglesia sige siendo la novia de Cristo y cada una de sus imperfecciones es una ocasión para amarla como Dios nos ama con nuestras imperfecciones. Más aún; de profundo origen Católico nuestras naciones recibireon la reforma de la fe y esto provocó una celosa y dolorosa batalla entre la Iglesia Católica y Evangélica. Ninguna de las dos Iglesias fue a la cruz por nosotros; fue Cristo quien lo hizo y lo hizo tanto por aquellos que estan en la una como en la otra. ¿Podremos reflejar amor en nuestras vidas conformándonos tan solo con señalar al Salvador y dejando que sea el Epíritu el que dé testimonio a aquellos que son los hijos de Dios?
Con nuestro propósito. No se trata de lo que nosotros podemos hacer por Dios sino de lo que El quiere hacer a través de nosotros; pero estamos seguros que Dios usa vasijas limpias dispuestas a servir para la expansión del Reino de los Cielos en la Tierra. Su Reino; no los nuestros; no nuestra comodidad y abundancia; no nuestra situación financiera y nuestra libertad terrenal. No fuimos llamados a conquistar este país ni esta tierra para arrebatar la bendición de nuestros hermanos estadounidences; si hemos ser bendecidos será para ser bendición y ánimo para el Reino ya establecido asi como para el que se expande; aqui y en el mundo entero. En la crisis de identidad de miles de Latinos en USA ¿no se escuchará el susurro de Dios hablando de evangelismo mundial; de misiones en países cerrados aún al Evangelio? Ya somos un pueblo immigrante viviendo la tensión intercultural, racial y de idioma. ¿No será este un propósito factible para miles de jóvenes creyentes hispanos llenos de pasión que buscan una visión real para sus vidas y para sus corazones divididos en medio de dos culturas?
Queda finalmente algo rondando en mi mente; mientras Absalón no tuvo a nadie junto a él capaz de ayudarlo a mirar la realidad en medio de su oscuridad; Onésimo contó con la ayuda de aquel que se llamó a si mismo ministro de la reconciliación; el apósto Pablo. ¿Estamos los creyentes en USA siendo realmente ministros de la reconciliación?. No solamente se trata de salvación pues por la gracia de Dios ya fue recibida para muchos; se trata de la transformación completa del ser humano y su reconciliación con el propósito que Dios estableció en su vida. Solo asi la salvación para los que no la tienen seguirá extendiéndose como fuego. Resuena en mi el eco de las últimas palabras de la carta de Santiago que nos exhortan a ayudar a los extraviados a volver a la verdad ya que asi salvaremos de la muerte un alma y cubriremos muchos pecados.
¿Seremos los latinos en USA como Onésimo o como Absalón?... no lo sé pero sé que hay algo en lo que jamás podemos equivocarnos: “...si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra”. (2 Cro 7:14)