Saturday, July 5, 2008

Fidelidad..

Sin duda una de mis aspectos favoritos del carácter de Dios es su fidelidad. En Dios puedo confiar, el siempre cumple su palabra, sus promesas… aún cuando estas son las de castigo, las de consecuencia por la desobediencia.

Dios ‘habla palabra para destruir’ pero también lo hace para edificar. Cuando es el momento de la destrucción lo que se destruye es nuestro propio pecado, nuestra desobediencia… a veces cosas buenas se destruyen como consecuencia de nuestra necedad. Mis cuatro enemigos son los destruidos mediante la disciplina de Dios: orgullo, temor, carne e idolatría. De uno de esos cuatro nacen mis pecados, por uno de esos cuatro se produce la caída. El abono de estas raíces de dolor en mi vida es mi propio corazón centrado en sí mismo en lugar de en el Dios del universo. La fidelidad de Dios en la destrucción se refleja también en las mil ocasiones “desde temprano y sin cesar” en las que Dios llamó mi atención para dejar el mal y obedecer; para rendir mi corazón; para arrepentirme y dejar las sendas del mal. Dios es fiel en su Palabra, en su llamado a santidad, en su advertencia.

Aun en la disciplina mas severa, en el castigo mas doloroso, encuentro la fidelidad de Dios, la fidelidad de su amor. En medio del llanto y del dolor en mi corazón resuena su palabra y testimonio del amor eterno con el que me amó. Puedo sentir su corazón adolorido… como el de un padre que ama a su hijo, y precisamente por ese amor debe castigarlo. En ese castigo el dolor también es profundo en el padre.

La fidelidad de Dios también es presente en el momento de la tragedia, de la oscuridad. Aun cuando caen mil a mi derecha y diez mil a mi izquierda, si Dios me ha prometido protección, esta nunca faltará. Dios cumple su promesa y aunque el mundo se destruya a mi alrededor, mi Salvador esta presente y en su mano esta mi vida y mi destino.

Lo que Dios promete lo cumple.

He meditado en los siervos de Dios, en aquellos que vivieron esta fidelidad todas sus vidas, y murieron como mártires derramando su sangre como el mas alto testimonio del reflejo de la fidelidad de Dios. ¿Temieron? ¿Dudaron? ¿Se sintieron defraudados o deseaban ya ir a la presencia de Aquel que lo era todo para ellos? No sabré estas respuestas pronto, pero una idea nació en mi corazón… sea cual fuera la circunstancia, estos siervos vencieron a la muerte en las peores de sus formas… exactamente como el Cristo lo hizo. Si, probablemente sabían en sus espíritus que había llegado el momento de entregar su sangre, posiblemente Dios había consolado y fortalecido sus corazones en el secreto de su intimidad con ellos, exactamente como lo hizo con Jesucristo. Posiblemente enfrentaron esas hachas, lazos, fuegos, sierras y cruces sostenidos por la fidelidad de Dios. Posiblemente vencieron a la muerte como Cristo lo hizo, sustentados y fortalecidos por la misma promesa del Padre, que en su infinito amor y poder, es fiel para cumplir sus promesas. ¿Es este el testimonio de la fidelidad de Dios ante la muerte?

Señor, gracias por tu fidelidad.

Monday, May 26, 2008

El amor...




Señor, envía tu luz y tu verdad, ellas me guiarán a tu Santo Lugar, a tu morada.
Necesito estar en tu presencia OH Dios mío, Salvador mío. En ti habitan toda la sabiduría y el poder… todo el amor y la pureza. Te agradan la rectitud y el corazón íntegro Señor. Tu creaste todo cuanto existe, todo cuanto es, ha sido y será. Tu estableciste e universo y su crecimiento; tu sostienes las estrellas, las galaxias, los astros y los planetas… por tu poder viajan las estrellas. Con tu sabiduría creaste los cielos y la tierra, por tu poder estableciste los fundamentos de este mundo. Te necesito Señor… cada día de mi vida te necesito. Necesito tu guía Santo Señor… necesito tu dirección.

Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.
(Fil 1:9-11)

El amor ha de abundar, ha de crecer, ha de madurar. Ha de crecer en ciencia y en conocimiento; ha se aprender a usar la cabeza y a poner a prueba los sentimientos. Hemos de aprender a amar bien, no solamente a amar mucho, sino mucho y bien. Con la verdad y con honestidad, con inteligencia. Amando de verdad y no solamente con emociones fútiles y pasajeras.

El amor debe crecer… en ciencia. Debe aprender a conocer la Palabra de Dios. Aprender las reglas de juego. Aprender que es lo bueno y lo malo… que es lo que dice Aquel que es Amor; de quien todo el amor nace, quien es la fuente de todo amor. La Palabra de Dios es el marco de esa ciencia… es el eco permanente de su eterna voz… es la imagen de su sabiduría que reconocemos en ese dibujo infinito que es incomprensible para el hombre, pero que es sendero conocido para el Espíritu de Dios que nos guía a conocerlo y a andar por él. Crecer en ciencia es crecer en el conocimiento de la palabra de Dios. Lo que Dios llama bueno y malo, lo que Dios aprueba, lo que Dios señala… lo que Dios advierte, lo que Dios condena. Ciencia…

El amor ha de crecer también en conocimiento. Buen juicio, discernimiento… aplicación de la ciencia. El amor ha de tener ojos y oídos para ver, para reconocer, para entender aquello que esta delante de él. Ha de ser capaz de comprender y reconocer aquello que significa amor ha cada momento. Solo así podrá el amor escoger aquello que es mejor. El amor ha de poner a prueba… ‘la prueba del sol’, todo aquello que toca. Todo aquello que se quiere llamarse amor pero posiblemente es solo un reflejo opaco, gastado, confuso y engañador de algo hermoso que todos buscamos (pues de El provenimos) pero a veces confundimos, dando paso en esta confusión a que aquel que vino a robar, matar y destruir; destruya aquello que Dios en su infinita misericordia nos quiso regalar.

Solo así el amor ha de reconocer aquello que es mejor. Aquello que es excelente, aquello que ha de ser semilla para dar fruto eterno, fruto para la gloria de Dios – y por ello – fruto de paz y gozo a nuestra vida.

¿Estoy Señor amando con vanas emociones?

Envía Señor tu luz y tu verdad… ellas me guiarán.

Monday, May 5, 2008

Pasión...


Una de las oraciones mas hermosas que he escuchado – una con la cual me identifico – es la que oró Jim Elliot en su partida hacia Ecuador como misionero.  Tres ideas permanecen en mi alma:

 

·      La satisfacción de un hombre lleno de Dios, de un hombre capaz de disfrutar a Dios, capaz de disfrutar completamente la voluntad de Dios para su vida.  Jim Elliot la buscó sin temor y se rindió a su Salvador.  Cruzó esa invisible – y a veces imposible – barrera que separa al hombre que ama a Dios y desea rendirse totalmente a El, del hombre que lo hace.  Uno es el hombre que es conciente del llamado de Dios pero sufre una lucha en su corazón que no rinde todo aquello que le parece preciado… no es capaz de rendir sus deseos y sus sueños al Dios del Universo, y sufre afligido por la incapacidad e inmovilidad del miedo a perder lo mas preciado.  El otro es el hombre que es llevado en los brazos del Espíritu Santo sobre esa barrera y – por la obra y la gracia de Dios – es capaz de rendir su corazón, sus deseos y sus sueños totalmente a la voluntad de un Dios que lo transforma, que ha cambiado tanto su corazón que ahora habla a través de él.  Este segundo hombre confía en que Dios le habla a través de su corazón y se goza en los deseos de su corazón… solo es válido después de la rendición, después de claudicar y en ello perder su vida por causa de Cristo y del Evangelio.  El corazón que una vez fue traicionero es ahora instrumento de Dios.  Cuanto gozo! Cuanta envidia! Eso deseo pero siento que no puedo… ¿Enviarás tu mano oh Dios mío a sacarme de este hoyo y salvarme?

 

·      La segunda idea es una proyección de la primera.  Jim Elliot dice algo así como “porque Cristo dijo ‘no te dejaré ni te abandonaré…’, yo puedo decir con coraje ‘no temeré’”.  Yo quiero decir también con coraje que no temeré, pero a veces me enfrento con mi profunda debilidad y el temor me invade…  Ansío y busco la misteriosa y maravillosa obra de tu Espíritu Señor, que revela dentro de mi corazón  la profunda firmeza, verdad y fidelidad de tu palabra y de tus promesas; y crea una torre firme dentro de mí, no construida por sabiduría de hombre sino por verdad divina; y me hace decir ‘yo tampoco temeré’… porque Tú has prometido no dejarme… no temeré.  Obra en mí Señor Jesús… obra en mi que quiero pero no puedo… deseo y ansío pero se doblan mis huesos… en ti espero, en ti confío…

 

·      La tercera idea es como una espada… “no quiero una vida larga… quiero una vida completa… como Tú Señor Jesús..”  ¿De que le sirve al hombre una vida larga y llena de comodidades y satisfacciones si en ella no se ha completado la voluntad divina? ¿ si en ella no se ha conocido totalmente a Cristo? ¿Si en ella la integridad que Dios requiere no se ha completado?.  El apóstol Pablo habla de conocer a Cristo íntimamente, renunciando a todo aquello que fue de valor para él… habla de participar en sus sufrimientos, su muerte y su resurrección… ¿es ese el reflejo de una vida completa?  No una vida a medias Señor… no una vida conociéndote un poco… no una vida mas o menos auténtica… no una vida más o menos íntegra… digo y pido – haciendo mía esta oración, pues la originó el mismo Espíritu que dentro de mí vive – no una vida larga Señor… una vida plena y completa en Ti… como tú Señor Jesús… aunque al igual que en tu vida y la de Jim Elliot, mi sangre sea derramada al final para tu gloria… una vida completa para ti Señor Jesús es lo que te pido.

Thursday, March 6, 2008

Quién eres?


Le dijeron: ¿Pues quién eres? Para que demos respuesta a los que nos enviaron.  ¿Qué dices de ti mismo? (Juan 1:22)

 

¿Qué tan importante es conocer quién eres? ¿Qué tan fácil es responder esta pregunta? ¿Cuál es la perspectiva correcta?

 

No es fácil responder, en cuanto empezamos a hacerlo, nos damos cuenta que aquello que usamos para definirnos es finito, pasajero, temporal… nuestra raza, nuestro género, nuestra profesión, nuestra ciudadanía, nuestros logros o fracasos; fortalezas o debilidades; planes, deseos, sueños… ¿es realmente eso lo que nos define, o solo lo que llena nuestra vida?

 

En el lado espiritual, por fe decimos que somos hijos de Dios por medio de Cristo y esto empieza a definirnos un poco más, es una identidad que va mucho más allá de lo que pensamos, una identidad que debemos explorar… como cuando un niño descubre que es parte de una familia, que tiene unos padres y hermanos que, aunque no lo definen, le dan un contexto.  Entonces, mientras crece, se va descubriendo a sí mismo, internalizando e individualizando aquello que ve y siente de sí mismo y de los demás.

 

Pero en la pregunta ¿quién eres? Hay algo aún más profundo.  Algo que clama por una explicación individual para trascender de la familia a la identidad personal a través de la cual me será posible identificarme, reconocerme, aceptarme, amarme y comprenderme… me atrevo a decir que es esta identificación la que traerá paz y satisfacción al alma que se busca y no se encuentra.  Paz porque la búsqueda termina, es como llegar a casa; satisfacción porque solo entonces podré entender mi verdadero propósito en este mundo, y solo al caminar en él encontraré satisfacción.

 

Me atrevo a decir que somos mucho más que el producto de la coincidencia, que nuestra existencia no se debe al azar y somos más que solo un número de entre los más de 6 billones de habitantes del planeta… de los miles de billones de seres que han nacido en este mundo… seguramente preguntándose la misma pregunta.

 

La respuesta de quienes somos no puede provenir de nosotros mismos pues nuestro conocimiento es limitado… realmente, por naturaleza, somos bastante ignorantes acerca de nosotros mismos.  Nos descubrimos con el tiempo; y con el tiempo también nos mejoramos o nos empeoramos.  Dentro de la maravillosa libertad que ha sido dada a los hombres, debemos reconocer que nuestras elecciones nos acercan o nos alejan de descubrirnos; no definen quienes somos, solo facilitan o dificultan el descubrirlo.  La clave de todo esto es reconocer que nosotros no nos auto-creamos, tampoco nos crean las circunstancias de nuestra vida; fuimos creados… las circunstancias de nuestra vida facilitan o dificultan descubrir esto y descubrirnos a nosotros mismos según esta realidad… ¿Quién me creó? ¿Qué me creó?

 

Las respuestas están sin duda en el que nos creó, en el que nos concibió en su mente y corazón, muchísimo antes de que fuésemos concebidos en el vientre de nuestra madre.  Hemos de acudir a El para saber quienes somos; pues como la vasija no se define a si misma, ni escoge su forma; así nosotros fuimos definidos por El únicamente… como dice su palabra: fuimos creados en El, por medio de El, y para El.  Parece, entonces, que la única solución para saber quienes somos esta en El.

 

“Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino de Señor, como dijo el profeta Isaías.” (Juan 1:23)

 

La respuesta de Juan refleja cosas que deseo en mi vida…

 

·      Juan sabía lo que no era.  Sabía que no era Elías, ni Jesús, sabía que no era otro (y no trataba se serlo) sino él mismo.

·      Se identificaba con un propósito y no con circunstancias o características. Este propósito era completamente suyo, pero no para él mismo; era un propósito del Reino de Dios.

·      Se identificaba con un Dios, con una autoridad, con una voluntad mayor que la suya propia… ¿cuántas veces tengo que recordar que no soy lo que yo decido, sino lo que Dios me hizo?

·      Juan definió su identidad a través de la palabra de Dios.

 

¿Hay alguien que pueda decirnos quienes somos?  Solamente Dios.  Debemos buscarlo sin cesar para descubrirlo, para recibir de El esa revelación. 

 

Yo no se si Juan recibió la influencia de sus padres cuando le hablaban de aquella revelación que ellos mismos recibieron cuando Juan nació… yo no se si la recibió en los íntimos momentos de comunión con Dios… yo no se si fue al desierto para buscarse a sí mismo y se descubrió allí, en el silencio y la separación de ‘lo cómodo y normal’… nada de esto se.  Solo se que Dios lo sabe.  El sabe quien soy pues pensó en mí antes de que existiera.  Mi deseo, el deseo de mi corazón, es ser exactamente quien Dios hizo; y creo que me lo quiere decir… pero lo que me quiere decir es algo muy bueno y maravilloso para simplemente ser información… es intimidad, es experiencia, es caminar juntos… es como un padre tratando de explicarle a un hijo quien es ese hijo para su padre.  El padre atesora el momento, el hijo lo desea con ansias…el padre y el hijo lo quieren disfrutar.  Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces…

Tuesday, February 19, 2008

Hambre y oración...


‘… David cuando tuvo hambre… entró en la casa de Dios… y comió…’ (Lucas 6:3-4)

 

Siempre hay provisión en la casa de Dios para sus hijos.  Siempre.

 

Hace tiempo escuchaba un mensaje de Dante Gebel en el que una frase reflejaba un principio espiritual muy profundo; la frase decía “no importa lo que hayas hecho, tienes un sitio en la mesa… ven, siéntate y come; luego hablaremos de lo que hiciste…” La mesa se refería a estar en la presencia de Dios y el principio espiritual que se señalaba es aquél que nos enseña que en Cristo y por Cristo, siempre podemos acercarnos sin temor a la presencia de Dios… es el único lugar donde encontraremos ese alimento espiritual que nos sustenta.  El caso común es que cuando sabemos que hemos fallado y ofendido a Dios, el primer engaño que debemos enfrentar es el temor de ir a la presencia de Dios… el error es aislarnos, dejar de orar, dejar de hablar con Dios y estar en su presencia.

 

¿De qué tienes necesidad hoy?  ¿Tienes hambre?  Hay distintos tipos de hambres, las hay físicas, las hay emocionales, las hay espirituales; incluso hay habres de sabiduría y dirección.  Cuando hay hambre y no hay alimento por mucho tiempo viene la malnutrición, la enfermedad, el dolor.  Sea cual fuere el hambre que hoy enfrentas, solo en la casa de Dios hallarás satisfacción.  Como hay distintos tipos de hambres, también hay distintos tipos de panes; de alimentos según la necesidad.  Es en la presencia de Dios donde encontrarás el alimento necesario y específico para tu necesidad.  El ofrecer este alimento es la gloria de Dios y no la del hombre.  Dios es el proveedor, el dador de toda buena dádiva y el único capaz de satisfacer nuestras necesidades.

 

No importa lo que hayas hecho; tienes acceso a la presencia de Dios en Jesucristo.  Esto no debe ser malinterpretado, no quiero decir que esta bien ofender a Dios o que el pecado no tenga relevancia; al contrario, la misma historia de David entrando en la casa de Dios para comer del pan consagrado (1 Sam 21) nos enseña que todo acto y pecado tienen consecuencias; y que las consecuencias se enfrentan siempre; tarde o temprano.  Lo que quiero decir es que aunque hayamos pecado, tenemos acceso a la presencia de Dios a través de su Hijo Jesucristo, quien pago en la cruz con su vida y su sangre, el precio de este acceso.  Aunque tengamos ofensas, en Cristo tenemos acceso a la gracia de Dios.

 

Al igual que un hijo desobediente, la culpa y la incomodidad en nuestro corazón serán más intensas cuando estemos en la mesa de Dios; y solo cesarán cuando hablemos de esa ofensa con Dios.  La confesión, el arrepentimiento y el otorgar o pedir perdón son los únicos caminos que el hijo desobediente tiene para reconciliarse con su padre y ser capaz de sentir nuevamente aquello que nunca cesó de existir… el amor del Padre.  Este amor es la garantía del Padre, es la base de la identidad de hijo, es su herencia irrevocable.

 

“… y dio también de comer a quienes estaban con él…” ¿Quién es este David capaz de dar también de comer a otros?, ¿Quién es este hombre que es capaz de tomar de la mesa de Dios para satisfacer la necesidad de otros?  Pues es simplemente uno amado por Dios, uno de sus hijos.  Esta era la naturaleza de David: cuando un hombre ha estado en la presencia de Dios y conoce su mesa y como en ella toda satisfacción es suplida; este hombre se convierte en instrumento de Dios para otros.  Se convierte en intercesor de las necesidades de otros; en señalador de aquel lugar en donde siempre hay pan.  No para su gloria sino para la gloria de su Padre quien es el proveedor … así, algún día, esos otros hambrientos que van con él conozcan y tengan también acceso a la mesa de Dios en Cristo Jesús. 

Thursday, February 7, 2008

El publicano...


 “… salió, y vio a un publicano llamado Leví… y le dijo: sígueme.” (Lucas 5:27)

 

Cristo también usa a los pecadores.  También tiene un llamado de vida para los pecadores; un llamado a discipulado; un propósito de Reino. 

 

No se trata del pasado, no se trata de lo que hicimos antes, no se trata de un perfecto registro de vida… se trata de que Jesús nos vea; y nos llame.  Jesús nos ve como somos realmente… él nos ha visto sentados en la mesa del pecado, él sabe que somos publicanos, conoce todo de nosotros… aun así nos llama.  El sonido de su voz es irresistible, como llama en el corazón.  Nos llama como somos, no nos envía a cambiar primero, a ganar méritos; solo nos llama a seguirlo.  El nos cambiará en el camino… solo si decidimos seguirlo.

 

Es el momento de la verdad, es el momento de escoger.  Hay que hacer una decisión aquí y ahora. ¿Cómo responderemos a la sola y simple palabra de Jesús?  Sígueme.  Camina.  Deja lo que estas haciendo.  Ponte en movimiento, mírame y sigue caminando en mi dirección.  Es un llamado profundo a escoger; a dejar; a levantarnos; y a caminar en pos de Jesús… no es un llamado pasivo sino un llamado activo.  De movimiento…

 

“…y dejándolo todo, se levantó, y le siguió”

 

La decisión estaba hecha.  Nada había que decir, no había vuelta atrás.  El pecador que nunca fue digno de nada honroso ante los ojos religiosos recibe el llamado de mas honra de la historia de la creación… seguir al Creador.  Lo vergonzoso se vuelve honroso; lo impuro puro; lo inútil útil; lo de destrucción de edificación.  ¿No es esto transformación?

 

Una palabra, un llamado, un momento de decisión… una respuesta… una nueva criatura que los ángeles miran con admiración por ser transformado en el recipiente, el instrumento del mas noble propósito de la creación.  Dios es fiel.

 

Cristo ha venido por los enfermos… por los que saben que están enfermos y buscan ayuda desesperadamente.  Cristo vino a llamar a los pecadores al arrepentimiento.  Los justos no necesitan un Salvador en su propia inteligencia.  Los pecadores le buscan desesperadamente.  Es la diferencia que produce esperanza en El, en su obra, en su perdón.

 

La religiosidad ciega y entorpece la mente volviéndola un obstáculo en lugar de un instrumento para obedecer, para reconocer las promesas de Dios que están siendo cumplidas, para recibir el gozo de ver a Dios obrar, a Cristo conquistar… de ver a Dios transformar para su gloria.  La religiosidad crea una subcultura llena de juicios, aislada, resentida y ansiosa, sin capacidad de ver la verdad.

Wednesday, February 6, 2008

Perdón y Sanidad...


… y el poder del Señor estaba con él para sanar. (Lucas 5:17)

 

Mientras Jesús estaba enseñando, mientras servía a Dios, mientras cumplía su propósito en la tierra, mientras caminaba… el poder de Dios estaba con Jesús para sanar.  No era lo que estaba haciendo o como lo hacía; era su propia presencia, era la voluntad de Dios y el momento que El escogió para dar sanidad.  Jesús sabía que el poder de Dios estaba con él y que se manifestaba de acuerdo a la voluntad de Dios en el contexto de la fe de los hombres.  Momentos impredecibles para los hombres, conocidos ya por Dios. 

 

¿Podemos nosotros – meros seres humanos – conocer o sentir el momento en el que la presencia del Dios Soberano y su poder están con nosotros para sanar?  Posiblemente no podemos conocer de antemano el momento y mucho menos planearlo; pero posiblemente podemos sentirlo cuando llega ya que es revelado por el Espíritu Santo.  Es el momento de la presencia de Dios obrando.

 

Mas que el momento mismo es sin duda importante le fe pues Jesús mira la fe antes de pronunciar las palabras de perdón a quien estaba paralítico por causa de sus propios pecados.  No solo mira la fe del enfermo sino la fe de aquellos que realizan verdaderos esfuerzos para poner al enfermo delante de Jesús.  Esta es una fe asombrosa para mí, es un reflejo de la intercesión, de la fe que trasciende mis propias necesidades para enfocarse en las de otros.  Esta es una fe que nos obliga a esforzarnos por poner a alguien delante de Jesús… “procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él”, pero al no poder por causa de la gente lo bajaron haciendo una abertura en el techo... “poniéndole en medio, delante de Jesús”. 

 

A veces la fe salvadora, la fe que Dios ve para perdonar los pecados es la de aquellos que nos cargan en nuestros momentos más duros.  Es una fe que no puede venir de otro lugar que del amor; el amor de hermanos, el amor de amigos; el amor que Dios implantó en nuestros corazones y que – aun cuando no le conocíamos – nos lleva a compartir las cargas de otros.  Ese amor se perfecciona y es real solamente en Jesús, solamente cuando Jesús es el destino, la esperanza, el motivo y el recurso de ese amor.  Jesús redime el amor y le da dirección correcta y verdadera… la dirección del Salvador; en él, la esperanza se convierte en fe en Cristo; y la fe en Cristo produce el perdón de los pecados… y la sanidad.

 

¿Qué es más fácil decir… estas perdonado o eres sano?... la verdad es que no lo se.  Ambas potestades son solamente de Dios, pero algunas veces él escoge expresarlas o manifestarlas a través de sus hijos y cuando él lo hace se produce ese momento conocido por Dios en el que el poder del Señor esta con Cristo para sanar… a través de mí! 

 

Verdaderamente el poder de Dios esta con nosotros como imagen y semejanza suya, como herederos, embajadores y ministros de la reconciliación.  Ese poder que a veces Dios despliega milagrosamente a través de nosotros, se refleja permanentemente en nuestro amor redimido y enfocado en Cristo que nos hace capaces y deseosos de compartir las cargas de otros; se refleja en nuestra fe que se esfuerza por poner al necesitado en presencia de Cristo.

 

Que nuestra mente sea un instrumento de obediencia en esta misión de reflejar… que no sea – como en el caso de los fariseos y doctores de la ley – un obstáculo.

 

Gracias Señor por tu hermosa palabra.  Que yo pueda ser reflejo de tu gloria, de tu perdón y de tu sanidad.  Que mi amor sea redimido por Crsto.  Que mi fe este dispuesta a cargar las cargas con otros, a esforzarme por presentarlos en tu presencia… te lo pido en el nombre de Cristo.  Amén.